Ni se abrió una ventana ni una puerta.

Prevenidos sus cautos moradores,

Se habían encerrado en el castillo.

¡Mas Aláh estaba allí!... Su faz airada

Brilló tras de los muros y, en el punto

En que tiñó la luz el horizonte,

Se cubrieron de cascos de cristianos,

Y una lluvia de dardos y de piedras

Cayó sobre nosotros: los clarines

Y tambores cristianos atronaron