El viento, y la bandera de Castilla

Se desplegó con insolente orgullo.

«¡Al asalto!» gritó con voz de trueno

El Rey Abú-Abdil, con una trompa

Haciendo la señal. En el instante

Se cubrieron de escalas las murallas,

Y los turbantes moros blanquearon

Envueltos con los cascos de Castilla

Encima de los cóncavos adarves.

¡Ay! Aláh estaba allí contra nosotros,