Solícitos: mas ¡ay! inmóvil ella,
Ni les vió ni sintió cuando llegaron:
«Duerme, dijo Aixa que tenaz la mira:
—No duerme, dijo el Árabe: delira.»
Delirando, Moraima el ojo atento
De la taza de mármol no quitaba,
La imagen de su rostro macilento
Contemplando que el agua reflejaba;
Y al fin, con un suspiro y con acento
Cuya tristeza el alma traspasaba,