En el agua, al reflejo amarillento

De una lámpara de oro, se miraba.

Su cuerpo sin acción, sin movimiento

Sus enclavados ojos, semejaba

Su blanca y melancólica figura

Añadida á la fuente una escultura.

Á la luz que su lámpara destella,

Su rostro con asombro contemplaron

Aixa y Kaleb, y con callada huella

Á la infeliz Moraima se acercaron