Aquél cree que aborrece lo que ama,

Cree que repugna aquél lo que apetece;

Éste recoge lo que aquél derrama,

Consigue el otro lo que no merece;

¡Oh miserable corazón humano,

Como de polvo vil mísero y vano!

¡Mísero corazón que juzga eterno

Todo lo deleznable y quebradizo,

Y sumiso lo adora y lo ama tierno;

Que ciego, pertinaz, antojadizo,