Para cantarte, en fin, pon en mi seno
De tu esencia infernal todo el veneno.
Corazón de Boabdil, ante mis ojos
El libro pon de tu secreta historia;
Dame á leer los sueños, los antojos
Que te hicieron perder imperio y gloria,
Que de Dios te atrajeron los enojos,
Que mancharon tu vida y tu memoria,
Que te dieron al fin fatal y obscura
Muerte sin funeral ni sepultura.