¡Venid á mis conjuros!, yo os evoco,

Sombras enamoradas de Baena;

Almas á quienes dió por su amor loco

Lecho la eternidad, la vida pena;

Tú, hermosa, á cuyo amor faltó bien poco

Para abrazar traidor la fe agarena,

Y tú, africano Rey, cuya alma insana

Vendió su corazón á una cristiana.

Á la vida volved por un momento:

Recobrad vuestro sér á mi conjuro,