Aquella misma tarde victorioso

Por las puertas de Elvira, ante la esclava

Muchedumbre de Zahara: y penetrando

Su vista el horizonte nebuloso,

Comprendió que á su vez el Africano

Rehusaba, como él supersticioso,

Besar servil su ensangrentada mano.

Comprendió que las lívidas cabezas

De Saavedra y sus nobles Zahareños,

No fueron para el pueblo de proezas