Con tristísimo acento dolorido:

«¡Escrito estaba! La postrera hora

»Llegó para la gente desdichada

»De mi gentil ciudad habitadora.

»¡Ay de la gloria de la gente Mora!

»¡Ay de los de Nazar! ¡Ay de Granada!»

Dijo la aparición y, suspirando,

El corredor tomó que al huerto guía,

Y el Rey hasta el balcón fuese arrastrando,

Tendiendo una mirada de agonía