Atraviesa despues el presbiterio

con balandrán, sobre-pelliz y estola,

y sus pasos al púlpito dirige

un pulcro capellan, de quien muy sério

un monago gentil lleva la cola.

Hace su adoracion, su texto elige,

comenta el evangelio de aquel dia,

y siempre encuentra medio en su homilia

de echar un par de pullas al gobierno,