fénix que, renaciendo de sus cenizas,

torna jardin su suelo duro al cultivo

y en palacios sus viejas casas pajizas.

Barcelona, á quien nutre vital esceso,

late con los volantes de sus talleres,

se remonta en las alas de su progreso,

brilla con la hermosura de sus mujeres:

y cuando Dios se ausenta del paraíso

y duerme Barcelona de noche, al peso

del trabajo rendida, sin su permiso