—Es la última de tres hermanas; un infame, castigado por Dios con esa enfermedad, se casó con mi hija: sus dos mayores han muerto á los 21 años; ella de pesadumbre; él... á manos de la venganza; yo les he enterrado á todos; no me queda más que Stella: si me sobrevive... ¡qué vida tan horrible la espera! Si se me muere... ¡qué soledad!... ¡Misero me!

Yo habia escrito ya muchas comedias, pero no tenia aún aplomo en el teatro del mundo. Mudo é inmóvil, no sabia ni consolarle ni despedirme. La vieja que se habia asomado al ventanillo, presentándose en la antesala, dirigió á maese Ménico algunas palabras, que no comprendí: éste me abrió la puerta de la escalera, y yo descendí por ella abrazado con mi dinero, y me salí de aquella casa, más ébrio con la emocion y el desencanto que la primera vez con el manzanilla.

Llegué al Hotel del Correo y hallé una carta que me habia traido de Madrid el del dia anterior; mi mujer se habia roto un brazo al salir á oscuras del teatro del Príncipe; Julian Romea habia cuidado de ella en los primeros instantes, la habia conducido á casa con el doctor Codorniú, y me suplicaban ambos que regresara inmediatamente á Madrid.

Hé aquí la historia de mis Dos vireyes y de la primera salida del Quijote de los poetas, á hacer por el mundo real la vida fantástica de los pájaros y de los locos.

¿Qué logró en ella el hombre? Dos pesadumbres, dos desengaños y la vergüenza de una embriaguez; tres espinas en el corazon; pero quedó en la imaginacion del poeta legendario este tan delicioso como triste recuerdo del tiempo viejo: la imágen de Stella.


XVIII.
CUATRO PALABRAS SOBRE MI «DON JUAN TENORIO».

Corria la temporada cómica del 43 al 44: Cárlos Latorre habia trabajado en Barcelona, y Lombía solo sostenido el teatro de la Cruz con su compañía, para la cual habia yo escrito aquel año tres obras dramáticas: El Molino de Guadalajara, drama estrambótico y fatalista, en el cual Lombía hizo un tartamudo de mi cosecha: papel erizado de dificultades inútiles, que él superó con una paciencia y un estudio que no sabré yo nunca ponderar ni agradecer, y cuyo tercer acto hicieron él, la Juana Perez, Azcona y Lumbreras de una manera inimitable; que fué lo que hizo el éxito de aquella mi extravagante elucubracion, forjada con tan heterogéneos elementos.

La Juanita, disfrazada de sobrino del molinero, cantando la cancion de Iradier para dormir á Azcona, arrancó aplausos hasta de las bambalinas; pero repito que el éxito de esta obra se debió al esmero con que los actores la representaron, y al gasto con que la empresa la decoró; pagando además las palomas, los versos y las flores que sus amigos, y no el público, me arrojaron la primera noche. Lombía no se descuidaba, y era preciso que las obras que yo para él escribia no tuvieran éxito inferior á las de Latorre.

La mejor razon la espada, refundicion ó rapsodia de Las travesuras de Pantoja, fué otro de mis triunfos de aquel año; pero no hay para qué alabarme por él, puesto que lo que en aquella obra vale algo es de Moreto, y no mio.