Entré é hice lo que todos:

y cuando creí que al sueño

se iban á dar, dí yo al dueño

gracias por sus buenos modos:

mas mi caballo al pedir,

asiéndome por la mano,

me dijo el buen campirano

soltando el trapo á reir:

«¿Y á quién hay que se le antoje

dejar ahora tal jolgorio?