Y si en el pueblo le hallé
y en español le escribí
y su autor el pueblo fué...
¿Por qué me aplaudís á mí?
Dejémoslo aquí hasta que veamos á mi D. Juan ante la conciencia de su autor, que tambien veremos á los actores ante mi Don Juan.
XIX.
(PARÉNTESIS.)
I.
Mi campaña teatral habia durado cuatro años: del 40 al 45. Fiel á mi bandera, no me habia yo pasado jamás al enemigo, combatiendo siempre en primera fila; y en aquellos cuatro años, porque en la temporada del 41 al 42 no escribí nada por lo que adelante diré, habia yo dado á la empresa Lombía veinte y dos obras escénicas, desde Cada cual con su razon hasta D. Juan Tenorio[2]. Ninguna de ellas habia sido silbada, ni retirada del cartel sin cinco representaciones; y habian quedado del repertorio de Latorre, con éxito completo, El Zapatero y el Rey, Sancho García, El rey loco, El puñal del godo, El alcalde Ronquillo y el D. Juan: Lombía repetia en el suyo el Cada cual con su razon y La mejor razon la espada. La empresa del teatro del Príncipe no me habia visto jamás en el saloncito de Julian Romea, ni para sus afortunados actores habia yo en los cuatro años escrito un sólo verso; siendo el único escritor que siguió constante la inconstante suerte de la empresa de la Cruz, y escribiendo exclusivamente para Lombía y Latorre.
¿Por qué? Lo diré más adelante al recordar cómo, por qué y para quién escribí el Traidor, inconfeso y mártir; ántes y por hoy tengo necesidad de decir algo de las vicisitudes por que habian pasado los teatros de verso, durante los cinco años de la revolucion literaria, de la cual fuí entónces hijo mimado y hoy todavía viviente recordador.