En Libon hay una magnífica iglesia de ladrillo. La bóveda del presbiterio es del mismo material, y es asombroso el ver cómo ha resistido á tantos y tantos temblores de tierra como se han sucedido desde que fué edificada.
Entre los objetos que posee esta iglesia, hay una campanita en la que se lee perfectamente el año 1600. El altar mayor, de tres cuerpos y de orden compuesto, es exactamente igual al de San Francisco de Manila.
En el barrio de Pantao hubo un arsenal en el que hasta principios de este siglo se construyeron buenas y sólidas embarcaciones. El lugar que ocupó el astillero lo indican dos cañones de hierro de grueso calibre, que en otros tiempos resguardaron aquel puerto de las piraterías moriscas.
El vecindario de Libon con sus barrios llega á 3.666 almas, tributando 1.882 en 21 cabecerías. Su estadística parroquial registra 29 casamientos, 156 bautizos y 75 inhumaciones. Europeo solo lo es el párroco, contándose en aquel vecindario dos chinos. De los 60 niños que asisten á las escuelas, no hay ninguno que conozca el español. No tuvo criminalidad.
Los pueblos de Quipia, Donzol y Pilar, que están muy distantes de la carretera que hemos seguido, ya los encontraremos cuando hagamos la visita al partido de Sorsogon.
De Libon regresamos á la cabecera.
En el tiempo que estuve en Albay, tuve ocasión de apreciar en todas sus manifestaciones, lo que es la prestación personal, siendo mis observaciones objeto del siguiente capítulo.
CAPÍTULO IX.
Prestación personal.
—¿Querías ver funcionar lo que se llama en presupuestos prestación personal? Pues héla ahí.—Esto me decía un amigo encontrándonos sobre el camino que dirige á Daraga en una hermosa tarde, señalándome una doble hilera de indios de poca edad la mayoría, que parecía querían trabajar en el arreglo de un terraplén. Había unos 300 hombres, y entre ellos poquísimos tenían herramientas.