La magia estaba reducida á un feroz león, formado de cañas y revestido de abacá y á una descomunal serpiente de bejucos y papel. Estos monstruos eran movidos por chicuelos que sudarían tinta dentro de las abrigadas entrañas de aquellos animalejos, que oportunamente se presentaban en escena para salvar ó defender á las princesas cristianas.
En cuanto á los 700 pesos de la derramita, me dijo la digna Tintay que los había empleado Tenten en gastos … reservados.
Este capítulo tiene epílogo.
Desde que puse el último punto suspensivo á la fecha en que añado estas letras, han pasado dos años. De paso he estado en el pueblo de Legaspi. Ví á mis amigos Tintay y Tenten, y en el tiempo que mi cochero enganchaba me hicieron tomar chocolate.
—Y ¿qué tal, cómo vamos?—dije á Tintay.
—Mal señor: la bandala muy poco vale; este año no parejo al de mi marido; siguro no tiene comedia.
Al recordarme la comedia, pregunté á Tenten:
—Y qué cosa, Capitán;—¿se casaron Pupen y Beten?
—Ca, no señor; Pupen está en la cárcel y Beten … lo que es en cuanto á Beten, malo señor; y al decir malo hizo una pausa dejándome adivinar lo demás.
Nuestros temores eran por desgracia bien fundados. Pupen robó, y Beten, no teniendo qué vender, vendió su cuerpo.