Al toque de oración en Filipinas se le rinde culto.

Todo indio á la muerte del día, recoge su espíritu y pronuncia una oración mirando al Oriente.

La campana de la iglesia anunciando la oración, se mezcló con los redobles del tambor del tribunal, y los huecos y broncos sonidos del atung-taqui, que sirve para dar los alertas en las avanzadas ó bantayanes de algunos pueblos de Visayas.

El atung-taqui filipina, es el árbol hueco, descrito por los primeros exploradores de la India, y que todavía se conserva entre los moradores que habitan las orillas del Amazonas, y las dilatadas faldas del Chimborazo, según pudimos ver entre los objetos que los individuos de la expedición científica del Pacífico, exhibieron en los jardines del Botánico de Madrid. [2]

Al toque de oración de San Jacinto se cierran todas las puertas y ventanas, y se apagan las luces, entonándose por los que se encuentran dentro de las casas el Ángelus; concluído este, cada cual vuelve á su conversación, su ocupación ó su paseo.

Nosotros hicimos una frugal cena, y después de interrogar sobre la localidad al Gobernadorcillo, buscamos el reposo en las mallas de una hamaca de abacá.

Ya que estamos descansados en tierra, y ya que hemos bosquejado á la ligera á una india, veamos en las páginas que siguen, lo que es la mujer en el Oriente.

CAPÍTULO VI.

La mujer india.—Angué—Pepay la sinamayera.—¡¡¡Una!!!

Desde los tristes monólogos de Adán (pues es de suponer no tuviera ganas de conversación con su ex-costilla, después de lo de marras) hasta los Apuntes de Catalina, y desde las lágrimas de Ovidio, á los ataques de nervios de Julieta, cuánto se ha dicho, y sobre todo cuánto se ha calumniado, es decir, menos cuando no se ha calumniado, á esas sensibles palomas sin hiel, á esas infelices y desgraciadas inocentes, á esas pobrecitas cofrades del sexo débil.