A lo mucho que se ha dicho, vamos á añadir un poco más.

No vamos á tratar á la mujer á la sombra de un patrón de la moda elegante, ni á la semiluz de una bambalina, ni á las tinieblas de un coche con cortinillas, ni á los truenos y relámpagos de un can-can; no, vamos á ocuparnos de la primitiva hija del Oriente, raza hoy poco conocida, que después de haber perecido casi por completo en las Américas, va siguiendo la misma suerte en los inmensos dominios que comprende la India inglesa.

La raza pura la encontramos en cerca de seis millones de seres, en el vasto Archipiélago filipino.

Descorramos las conchas, alcemos el tapanco ó descansemos un momento bajo el carang, y al tornasolado de las primeras, veremos á la india rica; bajo la palma del segundo, podremos estudiar la india industrial, ó sea la clase media, y al abrigo del tercero se nos presentarán perfectos modelos de las hijas desheredadas de todos aquellos dones que no sean el mojarse cuando llueve, admirar el sol cuando sale y limpiarse el sudor si tiene con qué cuando calienta, dones todos que la naturaleza prodiga de tal forma en el Oriente, que cuando llueve lo hace tres ó cuatro meses seguidos, con una fuerza, un viento y unos truenos, que ni hay más que dar, ni más que pedir.

Ya tenemos prólogo. Exhibamos los tipos.

Supongamos que son las diez de la mañana en Manila, y por consiguiente, la misma hora en cualquiera de los pueblos que forman Binondo; supongamos á más que es la fiesta de la Patrona y que estamos cerca de la casa del hermano mayor.

El hermano mayor es un sér exclusivo de Filipinas, es en las fiestas como si dijéramos, el caballo blanco de nuestros espectáculos, ó el editor responsable sin sueldo de un periódico demagógico en tiempo de los moderados.

Decíamos que estábamos cerca de la casa del hermano mayor, y esto bien fácil nos es conocerlo, porque distintamente llegan á nuestros oídos los ecos de la marcha de Pan y Toros, tocata ahora en boga en Filipinas, cual lo será Dios mediante, dentro de ocho ó diez años, la jota del Molinero de Subiza, ó la polka de Flama.

Ya estamos á la vista de la casa.

Banderolas de todos colores, pañuelos de todos ribetes, y trapos de todos tamaños, ondean ó no ondean (pues esto no depende del hermano mayor), suspendidos, no digamos de ventanas y balcones, sino de agujeros más ó menos grandes, abiertos en el cogon y algunos en la tabla.