Bajo este principio nace la emulación y el perfeccionamiento en la esfera del deber. La práctica facilita el trabajo, al par que las virtudes del bien y de la moralidad se aunan bajo la morada en que se podrán llorar ausencias, mas no temer la venida del correo y la cesantía, y con ella quizás el mendigar el pan ó volver á su nativo suelo enervadas las fuerzas por una laboriosa aclimatación, ó muerta la fe ante una larga serie de sacrificios olvidados.

Estabilidad y suficiencia en el empleado. He aquí la clave de todas las mejoras.

Filipinas es dócil y ama al español. La suerte de Filipinas reside en Madrid.

Con tiempo damos el alerta desde sus tranquilas tiendas.

Mucho se habla de nuestras colonias del Asia y no menos se escribe, ¿pero en qué tonos? ¿por quién? y sobre todo ¿con qué grados de conocimientos? Unos, porque absolutamente no conocen la localidad; otros, porque alientan ideas rutinarias ó quizás lo que es peor, por querer vengar rencillas y miserias, y los más, porque toda su experiencia y saber se reduce á haber ido cuarenta días en un camarote, instalarse en Manila, cobrar una nómina conociendo al habilitado, aunque no siempre al jefe, extender sus correrías por el país á la Calzada, los fosos de Santa Lucía, el campo de Bagumbayang y lo más lo más llegar á las aguas de Malinta, ó á las provistas despensas de los frailes de Imus; y con semejante extensión de tierra y el solo hecho de haber desembarcado en Manila y vivido unos cuantos meses ó años dentro de su murado recinto, arreglan el país y escriben furibundos artículos que no tienen de Filipinas más que las gotas de sudor que caen de la frente á la cuartilla.

Es preciso comprender y acabar de persuadirse que Manila ni personifica ni representa más que un pueblo grande, que en vez de reflejar las costumbres de la India lo hace más bien de las de Europa.

¿Qué español que no haya salido de Manila conoce las costumbres de los siete millones de habitantes de las Islas, ó los rudimentos de cualquiera de los treinta y tantos idiomas que se hablan? Ninguno.

Filipinas donde hay que estudiarlo, es en sus dilatadas pampas, en sus bosques vírgenes, en sus campos de impenetrables cogonales; allí bajo la palma ó la bonga vive y muere el indio en su primitivo estado, con su dulce carácter, su notable indiferentismo y su felicidad no perturbada por las exigencias que aumentan al par que la civilización crece.

El elemento español, volvemos á repetirlo, porque mucho importa, es lo primero en que debe fijar el Gobierno todo su cuidado. La ignorancia por una parte, antiguos hábitos por otra y confusas ideas que no concluyen de conocer las cabezas en que bullen el daño que hacen, es lo que, salvo honrosísimas excepciones, constantemente están llegando á las ricas y fértiles comarcas del Oriente. Hasta el día en que el funcionario se persuada que al llegar al Corregidor debe ser otra cosa distinta de lo que hasta entonces fué; hasta que comprenda que ciertas ideas debe guardarlas cuidadosamente en el secreto santuario de los recuerdos sin que jamás salgan á la lengua; hasta que la inamovilidad del empleado sea una verdad al par que verdad sea su suficiencia; hasta que la confianza y las garantías alienten el comercio y con él la acumulación de capitales; hasta que el español descentralice el producto de manos extranjeras; hasta que una buena inteligencia secundada con un buen deseo, haga de las provincias tabacaleras lo que deben ser; hasta que la ilustración universitaria llegue solamente al conocimiento de la virtud y no al comentario histórico de los pueblos y de los derechos de los hombres; hasta que ingenuamente y con los datos á la mano confesemos que el fraile podrá ser, habrá sido y será en Europa lo que se quiera, pero que en Filipinas es una necesidad personificadora de dominación y de ahorro, lo primero, porque fueron siempre españoles, porque ejercen una influencia positiva y porque conocen el país; y lo segundo, porque son los soldados avanzados que menos cuestan al Estado; hasta que el conocimiento del fraile origine las garantías para el porvenir que tiemblan al par que preveen; hasta que en ellos renazca la antigua confianza, no del poder omnímodo que ejercieron, sino de la estabilidad porque temen, ante cuyo temor nace el indiferentismo, que previene, al par que aleja á las procuraciones, acumula en las misiones ú oculta en lo más recóndito de los claustros, capitales que estarían en circulación; hasta que la conciencia no salga de la persuasión del misionero español; hasta que al Gobernador superior se le den facultades propias, creando una verdadera situación de confianza en los actos del que manda, como confianza debe tener en él quien le nombra; hasta que los centros gubernativos ejerzan alguna policía llevando su mirada inspectora á un poco más allá de los cortos renglones de un pasaporte; hasta que el ministerio de la ley corra parejas con el sacerdocio de la conciencia; hasta que el hálito revolucionario que se asienta en el viejo mundo ante los humeantes escombros de la Commune y las teorías de la Internacional, quede dentro de la Administración de Correos de Manila, no llegando jamás á despertar inteligencias, que ni alientan ambiciones porque no conocen necesidades, ni abrigan miserias, porque sus odios son francos y se dirimen con el talibón ó la flecha y no con sonrisas hipócritas que encubren la farsa y la mentira; hasta que esto poco á poco no vaya corrigiéndose, el extenso Archipiélago filipino no llegará á la meta de felicidad, de bienestar y de riqueza á que es acreedor.

Demasiado comprendemos que el remedio á lo anterior no cabe en las bases de un proyecto ni en la sola concepción de un buen deseo; buenísimos los han tenido algunos de los ministros que se han venido sucediendo en la cartera de las Colonias, pero el mal es antiquísimo y el remedio necesariamente ha de ser paulatino. Esto prácticamente lo ven los gobernantes á los primeros pasos que dan en el terreno de las mejoras. La imposibilidad por una parte, falta de tiempo por otra, y circunstancias gravísimas y difíciles en la metrópoli las más, son los principales escollos que tenazmente se oponen á los mejores deseos que á más de lo anterior y de estar abstraídos por tanto y tanto acontecimiento por que está pasando nuestra querida España, luchan con la distancia, la falta de datos, la adulteración de los hechos, la imposible inspección y el tardío remedio.