Más tarde surgieron varios conflictos, creados primeramente por la intemperancia del magnate, el cual, oyendo un día y otro las excelencias del bautismo, quiso fuese patrimonio exclusivo de ellos y sus hijos. Esto, como es consiguiente, creó luchas y excitó los ánimos, no por la idea del bautismo, sino por la división que surgía su aplicación. La dulzura del Padre San Vítores y la fuerza de sus convincentes argumentos pudieron desvanecer este primer conflicto, viendo en ello dar al cristianismo el primer paso á la unión de clases.

La herida que abría lo anterior en las antiguas costumbres, fué comprendida por algunos que se propusieron crear nuevos conflictos en defensa de sus odiosos privilegios.

Los magnates descontentos por una parte, la superstición por otra ayudada de falsas tradiciones, y robustecida con las intransigencias de los sacerdotes ó macambas que concitaban los ánimos, despertando antiguas costumbres, y unido á esto el estratégico é infame rumor de que el bautismo originaba la muerte de los niños, fueron los elementos que pusieron en juego los enemigos de los ministros de la fe.

Los anteriores males fueron venciéndose, contrarrestándose unas veces la fuerza con la fuerza, é interponiendo otras la convicción en medio de las supersticiosas creencias.

No contentos los jesuítas con la aparente sumisión de la isla de Guajan, se extendieron al Norte, en donde descubrieron nuevas islas siendo las principales las nombradas Saipan y Zarpana, ó sea Rota. En estas se reflejaron bien pronto los mismos males por que estaba pasando Guajan, haciéndose los trabajos con grandísimo riesgo.

Las costumbres fueron siempre los principales elementos que los macambas trataron de explotar en defensa del predominio é influencia que venían poseyendo en aquellos pueblos, sujetos al capricho de su voluntad, por medio de las acomodaticias invocaciones, originarias de supersticiosos manejos.

La poligamia con toda la asquerosa desnudez venía sucediéndose en las costumbres de aquellos isleños, y la poligamia que necesariamente había de ser combatida en los ascéticos principios de San Vítores produjo sus consecuencias. Los urritaos, ó sean los jóvenes, levantaron una cruzada que fué á engrosar las filas de los que combatían la idea por el orgullo, viniendo á ser las pasiones sensuales y las tradiciones aristocráticas, las piedras de apoyo que sustentaban la discordia y la oposición.

La lucha entre la argucia del macamba y la persuasión del misionero, era tanto más tenaz cuanto que tenía por palenque la condición del natural, el cual admitía cuantas ideas llegaban á su escasa comprensión.

Su imaginación voluble está comprobada en sus tradiciones, que atestiguan eran muy dados á las fantásticas leyendas, las cuales relataban en coro formando dos círculos, uno de hombres y otro de mujeres, que giraban en inverso sentido. Para estas fiestas, en las cuales cantaban las excelencias y las antigüedades de sus Anitis, se adornaban las mujeres tiñéndose de negro los dientes y blanqueándose el pelo, completando el adorno conchas, caracoles, plumas, insectos de colores y hojas de plátano. Los hombres se rapaban el pelo, yendo completamente desnudos. Restos de estas antiguas costumbres y reminiscencias de aquellas fiestas todavía se conservan en Marianas. El autor de estas líneas ha presenciado algunas escenas entre los carolinos residentes en Agaña, en las cuales se refleja las primitivas tradiciones.

Los elementos turbulentos cada vez tomaban más fuerza, al par que la adquiría la evangélica persistencia de los misioneros, en tanto que el corto número de soldados mantenían en los cañones de sus mosquetes el desbordamiento que ha tiempo se venía presintiendo.