Aquí hemos de hacer una pequeña parada, pues en lo de las ratas sucede lo mismo que con otras muchas cosas de aquellas islas. A nuestra salida para Marianas, gran número de amigos y algunos que no lo son, pues en eso de encargar no hay peligro, por más que uno se reserve la filosofía del tú pitarás del cuento, me pidieron les trajera caballos y auroras; llegue á Guajan, y francamente, creía que los caballos andarían precio de ramal y las auroras á coste de paseo, pero … ¡que si quieres! en toda la isla había solamente dos caballos de los que pedían, y estos traídos á alto precio de América; en cuanto á auroras me dijeron que si esperaba al mes de Julio, es posible, aunque no respondían, que por unos doscientos pesos se podría comprar algún par.

Esto me decían en Marianas; en cambio en Manila se cree todo lo contrario, no solamente respecto á la adquisición de esos bonitos ejemplares de la conchología, llamados en el lenguaje vulgar por su color rosado, auroras [4] sino que también refiriéndose á un sinnúmero de costumbres, cosas y objetos que luego resultan completamente inexactas.

CAPÍTULO XVI.

Reducción de vecindario en las Marianas.—Islas habitadas.—Rota.—Su población.—Promesa religiosa.—Comercio y agricultura.—Antiguas invernadas.

Entre los que no conocen las islas Marianas corren una porción de versiones, que si en otro tiempo fueron apreciables, hoy no lo son bajo ningún aspecto, ni material, ni moral, ni político.

Nosotros, que sin descanso hemos recorrido el pequeño territorio que comprende la isla de Guajan, única que hoy tiene alguna vida, por más que esta sea bien raquítica y efímera; nosotros, que hemos contemplado lo mismo las escasas ondas del Asang, que los panoramas que se desarrollan desde las mesetas de Santa Agueda; nosotros, que los recuerdos de las islas no son tan intensos que nos empujen, ni á la parcialidad exagerando lo que no hay, ni vituperando lo que existe; nosotros, en fin, que la única norma que guía nuestra pluma es la absoluta verdad, vamos á emitir nuestra opinión, opinión que no es hija del capricho, sino legítima conclusión de muchas horas de estudio interrogando cartas, libros y manuscritos. La opinión nuestra, por lo tanto, no es el más ó menos juicioso raciocinio de la apreciación, sino la síntesis de la historia de aquellas regiones.

Al establecimiento de la primera misión nos encontramos con una población que hacen subir á 100.000 almas; hoy, según los últimos datos estadísticos que tenemos á la vista tanto civiles como eclesiásticos, dan el siguiente resultado: Islas habitadas, Guajan, la cual tiene 5.914 almas; Rota, con 352, y Saipan, con 872; advirtiendo, que los habitantes de Rota están haciendo gestiones para trasladarse á Guajan, y los de Saipan en su mayoría son carolinos que los azares de sus guerras y la penuria y miseria los han arrojado de sus islas. Saipan quedará deshabitada tan luego puedan regresar los carolinos al suelo nativo.

Como dato curioso, que habla muy alto acerca de la pobreza en que están sumidos los pocos habitantes de Rota, viniendo á explicar el por qué proyectan, como por último sucederá, el ir á Guajan, podemos citar el siguiente. En el siglo pasado, fué la isla de Rota testigo de una grandísima calamidad, que sumió á todos los habitantes en una profunda consternación. En los libros canónicos de la isla de Rota y garantida por la firma de un virtuoso recoleto, se registra un acta en que se consigna que sobre la isla se desarrolló un horroroso fenómeno marítimo. Los efectos de este fenómeno duraron mucho tiempo, ofreciendo durante el peligro los habitantes de Rota, que constantemente habían de alumbrar á la Virgen cinco luces, promesa que religiosa y puntualmente se ha venido cumpliendo hasta estos últimos años, en que la furia de un tifón redujo á escombros casi todos los edificios, sumiendo en tal miseria á sus habitantes que ni aun la promesa se cumple en el día, viviendo aquellos en su generalidad, gracias á la prodigalidad de un suelo en que se crían árboles como el del pan y raíces farináceas de gran alimento.

La pobreza y aislamiento en que se encuentran Saipan y Rota, serán causa de que en época no muy remota, se unan sus habitantes con los de la capital.

Apenas se concibe cómo islas que contaban 100.000 almas, hayan venido decreciendo hasta hoy, que en un todo, dan el resultado de 7.138.