Antes en Manila se conocía al dueño de un coche por su cara, hoy se le conoce por su cochero, que viene á ser el alias ó seudónimo da su amo …
¡Manila progresa!
Los alegres catapúsanes se llamaron saraos y hoy soarees con su buffet, sus emparedados, su ponche á la romana y hasta su Petit Journal ó su Correspondencia, que al día siguiente pregona que la bella señorita de tal estaba hecha una princesa, su mamá una reina y su papá un bajá de tres colas, que dando la majestuosa familia encantada de las letras, por más que saquen astillas del individuo que las escribe.
¿Sí eh? ¿con qué también hay eso?
Ya lo creo, como que Manila adelanta, y vaya V. á dar gusto en letras de molde á una sociedad que adelanta. Como al pobre infeliz que empuña la trompeta de la publicidad se le olvide un detalle, como deje de decir que una lámpara tenía seis luces ó que el niño pequeñito hizo la desgraciada gracia de verter sobre una falda ó un pantalón una bandeja de sorbetes, ó que en un guardapelo ó pulsera se leía la inscripción de Perico, de Luís, ó de Pepe, harto tiene el pobre gacetillero, y más de una vez oirá cosas que le harán renegar del incienso vertido y de las prodigadas alabanzas.
Pues no digo á ustedes nada en la cuestión de colocación de nombres; aquí el simple resentimiento, se convierte en un proceso compuesto de un sin número de cargos.
Si Fulanita tuvo tienda de sombreros, y la han puesto antes que á mi, que tengo un escudo más grande que el del Cid, con más barras que las de Aragon y más leopardos que en el San Gotardo; que Zutanita ha sido preferida cuando no há mucho que decía miste que Dios; que la de más allá esta encima de la de más acá, siendo aquella una empleada subalterna, y la mamá de la agraviada siete veces usía; que mi primo el ministro me da derechos; que mi posición, que mi marido, que mi modista me los dan á mí, estas y otras reflexiones in mente ó in lengua mezcladas con adjetivo más ó menos duros contra el pobre autor, constituye la comidilla, del día siguiente.
Por último, caballeros, que Manila progresa lo atestiguan los libros de caja de Roensch y Madama Sprin.
Sin querer hemos llegado á la caja, es decir hasta el dormitorio de la moda.
Hemos presentado el teatro.