No siendo, como no lo es, plaza fuerte, por más que así se denomine, puesto que solo atestigua su arrogante calificativo débiles muros que resguardan escasas máquinas de guerra, que la más perfecta no corresponde á la más imperfecta de las que marchan en la línea de los grandes adelantos, no creemos precisos los gastos y atenciones que tal nombre origina, y una dotación insignificante y una asignación de unas cuantas libras de pólvora por conceptos de salvas para el caso improbable de visitar aquellos mares un barco de guerra, harían lo mismo que acontece en la actualidad con parque, dotación y almacenes, con las ventajas de la reducción del presupuesto.
Por algunos se nos dirá: todo lo que tienda á reducir personal y material de guerra, es una imprudencia en un siglo en que todos los pueblos tienden al aumento de hombres y perfeccionamiento de armas. Esto sería cierto, y el temor sería fundado, si la isla de Guajan constituyera por condiciones de situación un punto avanzado ó una atalaya estratégica, que en el bronce de sus cañones residiera el comprimir deteniendo, y en las plataformas de sus fuertes el comprimir avisando, dando con su campana de rebato la señal de peligro, ó en el estruendo del cañón la voz de alarma, previsores alertas, cuyos ecos, dada la situación de Guajan no tendría otra contestación que el mugir de las olas que se deshacen en los senos madrepóricos de caliza y coral, y el rebramar de los duros Nordestes que reinan en aquellas regiones.
Como cuestión de anclaje, por razón de avería, descanso ó punto avanzado, tampoco sería un obstáculo Guajan, puesto que al Norte y al Sur tienen escuadras enteras, puertos seguros pertenecientes á islas deshabitadas, en las cuales no solamente podrían descansar y aguardar consignas, sino que reponer averías, refrescar aguadas y hacer víveres en la gran abundancia de puercos de monte, cageles, venados, cocos y otros productos que hay en la cordillera de islas que corren al Norte de Guaján en un trayecto de más de 10º y las que hay al Sur formando las Carolinas.
En el presupuesto eclesiástico también cabe su reducción, pues si no estamos equivocados, son cinco los sacerdotes que hay solamente en la isla de Guaján, la cual á más de su poquísima extensión solo contiene, como ya dijimos, una población de 7.138 almas, contando rancherías de carolinos, que viven en sus costumbres, usos y religión.
Con las economías que dejamos apuntadas, cuya realización demostraríamos más detalladamente, si necesario fuere, con la creación de un mercado público en que la pública licitación señalara las transacciones, y con ellas, los rendimientos de patentes que hoy apenas existen por el contrabandeo que envuelve toda mercancía que se expende no á puerta de calle, sino al sigilo del hogar y ventanas adentro; con la imposición del tributo, y sobre todo con facilitar de algún modo las comunicaciones, bien por un barco que se adquiriera en las condiciones que dejarnos dicho, ó en otras, bien porque lo diera el Estado, ó bien porque se facultara á que se hiciera en las islas Marianas, puesto que elementos materiales y periciales hay en ellas, estamos seguros que si no desaparecían en todo, lo haría en gran parte el déficit que hoy resulta para nivelar los ingresos con los gastos; siendo estos los únicos medios de que las islas se contengan un poco en el grandísimo decaimiento en que hoy están sumidas, principalmente por la casi nulidad de comunicaciones, base de todo aumento, y principio necesario para el movimiento, riqueza y desenvolvimiento de los pueblos.
El chamorro en su generalidad es indolente, cualidad predominante en todo pueblo en que las necesidades que le son conocidas son tan pocas como fáciles de cubrir. Con alargar la mano tienen la rima, y con socavar un poco la tierra con el fociño, raíces farináceas tan nutritivas como sanas. Con estos dos agentes atienden á las primeras necesidades, completando aquellas otras que se rozan con el pudor ó la vanidad, con unas cuantas varas de pintadas telas que adquieren á un subido precio y con las cuales cubren y adornan sus cuerpos. El traje de la chamorra y del chamorro varía poco del que usan los indígenas en Filipinas, si embargo de que son menos lujosos, advirtiéndose la carencia del tapis en la mujer, que acostumbra á llevar saya suelta, sujetando la camisa y candonga en la cintura; la chinela también varía, pues que la llevan cerrada por el talón. Una especie de chambra de cortas y anchas mangas, el relicario, un rosario y el pañuelo completan el traje.
La superfluidad en el vestir es muy parca en Marianas; allí el lujo y la moda son divinidades á las cuales ni se les rinde culto, ni se les queman inciensos, circunscribiéndose tanto el hombre como la mujer á usar prendas tan sencillas como escasas en número.
El chamorro es de genio afable, predominando algo el recuerdo del orgullo de sus antepasados; es honrado como pocos pueblos, y tan sufrido en lo que cree justo, como díscolo en lo que no lo cree; es de tesón y poco olvidadizo.
La ilustración en las islas Marianas, con relación á pueblos de sus mismas condiciones, está á una grandísima altura, pudiéndose asegurar que un 80 á 90 por 100 de población sabe leer y escribir.
Esto merece una explicación.