Sabe, señor.

—¿Si será cierto que la india podrá llegar al paroxismo del amor, á la idealidad del querer, á la poética fusión de dos almas, á parodiar á Julieta, á sacrificar su vida, á morir en fin, de amor?

—Muere también—dijo Quico, interrumpiendo mi crescendo.

—¡Que muere has dicho!

—Muere, señor—contestó aquel con esa gravedad cómica del indio.—Pregunte V. á su amiga X … y ella contará á V. la historia de El puente del suspiro.

Diez minutos después de la anterior conversación, y bajo un cielo cubierto de pesados nubarrones, cosa habitual en los horizontes que cierran las elevadas cumbres del Banajao, cabalgaba camino del pintoresco pueblo de Lucban, donde vive mi amiga, en busca de la misteriosa historia de El puente del suspiro.

SECTION II

El que haya corrido las alturas y hondonadas con que encadenan el Malinao, el Dalitiuan y el Balete, á las provincias de la Laguna y Tayabas; el que haya contemplado desde la descarnada atalaya del San Cristóbal, los risueños panoramas de Paquil y Paete; el que haya palpitado de emoción ante la grandiosidad del Botocan; el que la curiosidad, el estudio, la necesidad, ó la caza le hayan obligado á pasar el camino de Majayjay, necesariamente le habrá llamado la atención un puente abandonado, semi-derruído y de lúgubre aspecto que se eleva á un lado del camino. Su antigua y sólida fábrica ha adquirido con el tiempo, las aguas, y la viscosidad de los musgos que abrazan la bóveda que lo forma, un aspecto tan sencillo, al par que severo, que parece decir al viajero:—«Deten tu marcha; deletrea en mis piedras con los ojos de la investigación; escucha el gemir de las puras ondas que en un beso eterno acarician mi vida; contempla el panorama que rodea mi cuna; oye los alegres cantos y los melancólicos susurros que adormecen en mi cárcel de granito á los genios de las sombras, en esas interminables noches en que el aguacero carcome mis entrañas y el cierzo conmueve mi ser; reúne todo esto en el laboratorio donde se purifican los pensamientos, donde se aquilatan las más sublimes concepciones, donde se anida el genio, donde mora el alma; y al leer mi nombre de El suspiro en los viejos sillares que me sostienen, evocarás la triste historia de la desgraciada Hasay. [7]

¿Quién fué Hasay? ¿Cuál fué su vida? ¿Cuál su historia?

Poco más ó menos, procuraré recordar lo que en lenguaje natural y verídico me contó mi buena y bellísima amiga.