¡Amaba sin esperanza!…
Mi amiga, al pronunciar la última frase de la leyenda del puente, cuyo nombre del suspiro se debe sin duda á las flores que crecen á su alrededor, vertió una lágrima á la memoria de Hasay, lágrima que se deslizó al blanco teclado del piano, sobre el que maquinalmente apoyaba sus dedos.
La voz calló, mas el piano fué alentado por el genio de mi buena amiga, arrancando de sus cuerdas uno de los más sublimes nocturnos.
Las últimas notas se confundieron con el gorjeo de un precioso pájaro, de plumaje tan bello como armonioso era su canto, que alojaba una dorada jaula pendiente de uno de los huecos de la caída.
—¿Ese pájaro es de China?—dije á mi amiga.
—No, me contestó con la mayor naturalidad—nace allí,—dijo señalándome las alturas del Balete, y se llama el pájaro del sol. [9]
SECTION XII
La modesta cruz puesta sobre la tumba de Hasay, y los gorjeos del pájaro del sol, son una página que claramente dice, que las mujeres en Filipinas aman, y los pájaros cantan.
Ya escrita la última cuartilla de esta histórica leyenda, recibo el correo de Europa. Entre las cartas viene una, de la que literalmente copio un párrafo.
Dice así: