Puestos los caballos al paso y afianzándonos en el borrel de la silla, bajamos la escabrosa cuesta de las Despedidas, á cuya falda se asienta sobre un riachuelo el puente de aquel nombre, el cual le fué dado, según he podido averiguar, por ser el lugar señalado por la costumbre para despedir los de Tayabas á los que se van. ¡Qué tiernas escenas habrá presenciado! ¡Cuántas lágrimas habrá absorbido su candente arena! ¡De cuántos juramentos y de cuántas fugaces promesas habrá sido mudo testigo!….
El camino mejora notablemente desde aquel puente, pudiéndose hacer uso del carruaje. El bosque y el matorral cesan y solo se extienden á uno y otro lado, tierras cultivadas, sembradas de palay ó plantadas de coco. El agua es abundantísima, manteniendo los cuadros del arroz constantemente anegados.
Al otro lado del puente nos encontramos una alegre caravana, en la que nos llamó la atención varias dalagas á caballo perfectamente ataviadas, luciendo caprichosos sombreros con gran profusión de gasas y flores. Los colores de las faldas y los pañuelos que resguardaban sus hombros, eran de colores muy fuertes que destacaban el negro del tápiz. La tayabense jamás deja el tápiz; monta admirablemente y cifra su orgullo en su traje de montar y en la riqueza de los atalajes de su caballo. Todas montan al lado izquierdo y desconocen el uso de la espuela, sustituyéndola con flexibles latiguillos que suspenden de la muñeca con una cadenita de plata. La tayabense á caballo, es sumamente locuaz y decidora, desconoce el peligro, se impacienta á menudo y pocas veces lleva al paso su cabalgadura. Aquellas dalagas supimos se dirigían á una de las vecinas sementeras á pasar un día de campo.
Dejando á ambos lados del camino umbrosos cocales recargados de fruto, pasamos el pequeño puente de la Ese—así llamado por su configuración que lo asemeja á dicha letra—y dimos vistas á Tayabas, á cuyo bantayán llegamos de una trotada. El poste telegráfico que se eleva en la afuera del pueblo, marca en una tablilla el km. 146, cifra que representa la distancia que separa á Tayabas de Manila. De Lucban á Tayabas hay 12 km. y pico.
CHAPTER VI
CAPÍTULO VI.
Tayabas.—Su antigüedad,—Situación.—Estadística.—Pureza de raza—El bambán grande.—Fiebres palúdicas.—Su remedio.—Casa real, tribunal, iglesia y convento.—Una Semana Santa en Tayabas.—Riqueza de ornamentación.—Correría histórica alrededor de un escribano de Pilatos.—Fisonomías de los pueblos.—Comparaciones.—Indolencia.—Supersticiones.
Tayabas es pueblo de muchísima antigüedad; hoy es cabecera de la provincia á la que da nombre, habiéndolo sido anteriormente Calilayan. Se encuentra bajo la influencia del Banajao y á dos leguas del estrecho, cuyas aguas se divisan perfectamente á virtud de la gran altura en que dicho pueblo está situado. Confina con Pagbilao, Lucban y Sariaya. Tiene, según los padrones del año 1875, 125 cabecerías repartidas en 156 barrios, componiendo un total de población de 22.337 almas, de las que tributan 12.176. Acaecieron en dicho año 810 defunciones, igual número de nacimientos, y 311 casamientos; se sortearon 1.132 mozos, sacándose 17 soldados; concurrieron á las escuelas por término medio 150 niños de ambos sexos, vacunándose 1.109; se sustanciaron en el juzgado 23 causas correspondientes á delitos cometidos en su demarcación, y por último, tiene 71 cuadrilleros á más del puesto de la guardia civil al mando del capitán, jefe de la línea.
La situación de Tayabas, según el Padre Buceta, es 14° 50' lat. y 128° 30' long.
Tayabas, como toda la provincia á que da nombre, es el centro de la pureza de la raza india y la buena dicción del tagalo; por lo tanto, allí es donde puede estudiarse con gran resultado al indio y sus costumbres.