En los bosques de Tayabas hay tanta y tal variedad de maderas, que podrían dar abasto por mucho tiempo á todas las necesidades del comercio.

La colección que la Inspección de montes mandó á la Exposición de
Filadelfia ascendía á 281 especies.

La superficie total de hectáreas de la provincia de Tayabas, según los estudios hechos por el Cuerpo de Montes, que tenemos á la vista, asciende á 562.492, siendo forestales 380.000.

En el año económico de 1872 á 73, se concedieron 34 licencias para el corte de maderas en los montes de Tayabas, cortes que produjeron al Estado 83.865 pesetas. Lo producido en los años económicos de 1873 á 74, y de 1874 á 75 no lo conocemos, si bien ha de haber aumentado considerablemente, si se tiene en cuenta que solo en el año 1875 se concedieron 61 licencias, es decir, 27 más que el año 1872.

Si riqueza hay en los montes, no la hay menos en sus dilatados manchones de vegas y cañadas. Solo en los verdes campos que comprende el perímetro que forma Mulanay con San Narciso y Cabeza Bondoc, pueden alimentar muchos miles de reses.

La gran profusión de aguas hace que las cosechas de arroz, cultivadas por el sistema de escalonados tubiganes, sean más productivas.

Las plantaciones de coco aumentan de día en día, siendo esta palma una de las más legítimas riquezas de la provincia. El aceite de Tayabas se confunde con el de la Laguna y se da al comercio con este nombre.

Tanto en las quebradas de sus montes como en las florestas de sus valles, se cría en abundancia caza mayor y menor, figurando en la primera el carabao cimarrón, el venado y el jabalí; en la segunda, hay una gran variedad de pájaros, siendo de notar la gran colección de palomas. El tabon, ave muy digna de estudio por la manera que tiene de incubar sus huevos, enterrándolos, se halla en bastante número en Tayabas.

En flores y hierbas olorosas nada tiene que envidiar á otras provincias, viéndose por doquier el tornasol, la rosa de Alejandría, el camantigue, la sampaca, el campupot, la gumamela, el ilang-ilang, el calachuche, los lirios, las azucenas, las saguilalas, el romero, la salvia, el pandacaque, la albahaca, el hagonoy, la hierba-luisa, el lagundi, la pasionaria y la siempre-viva; hierbas y flores que crecen sin que mano amiga las cuide, riegue y desbroce. Si la inclemencia del campo ó el agrietado muro se convirtiera en la resguardada maceta ó el vigilado arriete, ¡qué combinaciones tan bellas y tan variadas produciría la floricultura de este país!

En frutas también hay gran diversidad, y si no las tiene en hortalizas, es porque no se siembran, y decimos esto al ver los magníficos resultados que han dado algunos ensayos.