[7] En ninguna parte del mundo sufren los nombres más variantes y se hace más uso del apócope que en Filipinas, así que no se extrañará digamos que en algunos puntos se llaman Hasays á las Tomasas—(N. del A.)

[8] En España se llama, D. Diego de Noche.

[9] Los indios lo conocen con el nombre de Salanga.

[10] El veterano general D. Juan Alaminos de seguro ratificará á quien le pregunte la certeza de esta y otras citas,—(Nota del A.)

[11] Este desapareció con la mayor parte de los edificios, en un horroroso incendio acaecido poco después de escrito este libro.—(N. del A.)

[12] Aunque el balitao visaya no tiene, á mi juicio, todo el sabor indio del cundimán y cumintán tagalo, sin embargo, da idea del originalísimo ritmo de la música oriental. Entre los individuos que forman en la Exposición la colonia filipina, hay uno que toca bastante bien el balitao en la guitarra del país con cuerda de metal. Las indias visayas que figuran en aquella agrupación, lo cantan y bailan bastante bien.—(N. del A.)

[13] En este capítulo hay algo imaginativo que lealmente confesamos: el cocal no existe, pero sí la ermita, la imagen, el bastón, las ruinas, el cañón y la leyenda. Algún día relataremos esta última.—(N, del A.)

[14] Hoy ya lo es.—(N del A.)

[15] De la época en que esto se escribía á la fecha, las islas Filipinas han sufrido grandísimas transformaciones, y ante ellas no pecamos de inconsecuentes al abogar ahora por lo que entonces condenábamos, creyendo como creemos un bien la descentralización de poderes.—(N. del A.)

[16] Este manuscrito, figura en la instalación que tiene el autor en la Exposición de Filipinas.—(Nota del A.)