Aquí hacemos punto en este libro, en el que nos hemos propuesto dar á conocer una provincia tan rica como ignorada.
Tres años estuvimos en Tayabas, y ni su temperamento nos produjo un dolor de cabeza, ni sus habitantes un disgusto. Al abandonar la provincia, y al entrar en la de la Laguna, no pudimos menos de volver la vista al brumoso horizonte que dejábamos, y al divisar los confusos contornos del Banajao alumbrados por la cansada luz de la caída de la tarde, sentimos una verdadera y tierna emoción al abandonar, quizás para siempre, aquel coloso á cuya sombra ha nacido este pobre hijo mío. Conocida es la caridad en Filipinas, así que el padre confía en aquella, teniendo la seguridad de que lo tratarán con cariño y le darán un modesto rincón en el hogar.
FIN.
NOTAS
[1] Este puente se llama hoy de Ayala.
[2] Téngase en cuenta que este libro se escribió el año 1878, imprimiéndose su primera edición ese mismo año en Manila.—(N. del A.)
[3] Este edificio lo destruyó un tifón levantando sobre sus escombros un verdadero palacio, como quizá no haya otro en Filipinas, el inteligente Alcalde mayor D. Francisco Iriarte.—(N. del A.)
[4] De ahora para adelante, hacemos presente que todos los datos estadísticos consignados en esta obra se refieren al año 1875.
[5] Lo que decíamos en 1878 y su exactitud, se puede comprobar en los magníficos ejemplares que el arte y la industria de Lucban presenta en la Exposición de Filipinas que se celebra al reimprimirse esta obra.—(N. del A.)
[6] Con este pseudónimo escribió Entrala curiosísimos artículos tratando costumbres filipinas. Fué gran entusiasta de la mujer india á quien ha consagrado muchas páginas en sus obras. Este notable escritor murió hace cinco años. Entrala y el veterano Vázquez de Aldana son, á mi juicio, los escritores de costumbres más notables de la literatura filipina moderna. Al último, que vive en el modesto pueblo de la Hermita, con no pocos achaques en el cuerpo y no escasos desengaños en el alma, le envio un tiernísimo recuerdo.—(N. del A.)