Hemos debido inspirar nuestra conducta en la que observaron los americanos con los ingleses cuando hicieron su independencia por la fuerza de las armas, y que en tono de mesurada y enérgica protesta, ha tenido ocasión de recordar el General insurrecto Calixto Garcia, al suponer el General Americano Shafter, que las tropas de Yara pudieran cometer desmanes contra los españoles residentes en Santiago de Cuba.
El incendiario que pega una tea, sabe donde empieza su crimen pero no puede calcular las consecuencias y alcances que tiene y se le puede considerar como aquel revolucionario, que al tratar de pegar fuego á un edificio, le hicieron saber que se trataba de una biblioteca pública y contestó que él no sabía leer.
El que en plena paz hace uso de la tea para destruir la propiedad creada, á fuerza de trabajo y de afanes, es un ser desgraciado que no cabe en ninguna sociedad, ni ha tenido nunca nada, ni espera vivir más que de la holganza, pues si tuviera la virtud del trabajo, no destruiría la propiedad que se lo ha de proporcionar.
La destrucción y la ruina que no sembraron los potentes cañones de la armada y ejército americano, han venido á sembrarla en plena paz los que debieran ser más interesados en que no se agotaron las fuentes del trabajo, y esto da una tristísima idea de lo que podemos esperar, y de aquí el pesimismo desconsolador que desalienta mi alma, pues observo con pesar, que más veces nos hemos presentado en extremo serviles y otras como verdaderos salvajes.
No hay que olvidar ni por un momento que las autoridades militares que hoy nos rigen, han de ser las que informen de nuestro estado de cultura al Gobierno de Washington y esta será la norma en aquel se inspire para nuestro futuro gobierno, que en mi concepto, seremos por mucho tiempo colonia gobernada militarmente, pues antes de la llegada de los americanos, con el ensayo de autonomía que tuvimos y después que ellos llegaron, con esperanzas de más libertades, hemos probado en cien ocasiones, que carecemos de educación político-social y que estamos inhábiles para vivir la vida de los pueblos libres.
Esta es mi opinión franca y sincera, que si ruda y desagradable, se me perdonará en gracia de la honradez con que la expongo en bien del pueblo de cuyo seno procedo.
Recapacite nuestro pueblo á fin de que se enmiende de pasados errores, que de repetirse, pueden hacernos dar un paso atrás y ser de fatales consecuencias para el porvenir: vuelva sobre ellos y piense que por la senda emprendida no se va más que al descrédito de nuestra personalidad, que puede ser anulada para todo, en tanto que la de los españoles, en breve tiempo tendrán aquí su representante, y como extranjeros, disfrutarán de la misma consideración, del mismo respeto, y de la misma seguridad personal para ellos y para sus intereses, que disfrutan en New-York y otras ciudades de la Unión, donde son acojidos como elementos valiosos de la sociedad, por sus hábitos de trabajo y de economía.
Si en esta nueva evolución nos estacionamos ó retrocedemos, se puede asegurar que seremos arrollados, mientras que si la actividad y el trabajo es nuestra norma, nos tenderán la mano para sacarnos adelante y llevarnos en su compaña.
Hoy es necesario olvidarse de lo pasado y tener muy presente que en la batalla de la vida nos han asaltado las fuerzas de una raza superior á la nuestra, y en vez de perder el tiempo en ruines venganzas y en mezquinas rencillas, es necesario disponer el ánimo y emprender resueltamente la lucha por la existencia, á fin de que si en ella sucumbimos, que sea cumpliendo el deber.