—Hombre, dí tú gracias al sauce, que las intenciones de Dios fueron ahogarme.


LA DECADENCIA DE LOS OPAS

Como se ha cumplido para la historia del arte el "esto matará aquello", de Víctor Hugo, se ha cumplido en Salta esta otra fórmula: el progreso ha matado al opa.

Y no hablamos aquí de los opas que seguirán existiendo pese a todos los progresos, sino "del opa" como género social, del opa como factor social.

Todo ha conspirado, desde unos años a esta parte, contra los opas.

El advenimiento de las cloacas los ha emancipado de ciertos oficios de acarreo, que les era propio.

Después, un jefe de policía los ha expatriado en vagones y ha sembrado las vías, Salta afuera, con nuestros opas. Así fueron a parar, en este movimiento centrífugo de reacción colectiva: "Leche de Burra" a La Quiaca, el "Coto Zapallo" a la tumba, "Ripitipi" a Buenos Aires...

Y en nuestros días, apenas si al paso del opa Panchito, con su cara de macho alfalfero, su andar vacilante y sus inmensas alpargatas, nos asalta un recuerdo borroso de los opas de otros tiempos, de aquellos que apedreamos siendo niños. El opa de hoy es como el espectro del opa de entonces...