Y esto acabado, mandó hacer Inca Yupanqui que se recogiese todo el despojo y joyas de oro y plata que en el tal despojo se habia habido, todo lo cual fué fecho; y traido delante dél y visto por él, mandó que ansí junto como estaba, lo llevasen á la ciudad del Cuzco, donde lo pensaba repartir y dar á sus amigos. Todo lo cual fué ansí llevado á él y se partió juntamente con ello para la ciudad del Cuzco, donde, llegado que fué, dió y repartió el tal despojo á los suyos, dando á cada uno lo que le paresció que le bastaba y conforme á la calidad de su persona. Y esto hecho y repartido, mandó que de su ropa é grandes ganados que en la ciudad habia, [é] de otros bastimentos, mandó (así) que le fuese allí traido cierta cantidad, la que á él le parescia que á todos bastase; todo lo cual ansí traido, mandó á sus capitanes que lo repartiesen entre toda su gente; todo lo cual fué repartido.
Y hechas estas mercedes y otras muy muchas más que á sus capitanes él hizo, mandó que se fuesen á sus tierras á descansar, y agradecióles el favor y ayuda que le habian dado, y ansí se fueron todos, é Inca Yupanqui quedó en su ciudad con los suyos. É al tiempo que dél se despedian los tales señores para se ir á sus tierras, le rogaron que los quisiese rescibir debajo de su amparo y merced y por sus tales vasallos, é que querian tomase la borla del Estado y ser de Inca; todo lo cual les agradesció Inca Yupanqui y respondióles, que al presente era vivo su padre y Señor, y que no era justo que mientras su padre viviese, él tomase la borla del Estado; que si al presente estaba allí, que era porquél era capitan de su padre; y que les rogaba dos cosas que por él hiciesen, que era la una, que de allí, ansí como iban, fuesen á do su padre estaba y le respetasen y hiciesen lo que él les mandase como tal Señor que era; y ellos dijeron que ansí lo harian. É que la otra era, que le tuviesen á él por su tal amigo y hermano, y que cada y cuando que por él les fuese inviado á les rogar, que lo hiciesen; y ellos dijeron que ellos no tenian otro Señor sino era él, y como á sus tales vasallos, de ellos podia hacer aquello que bien le estuviese; y él se lo agradeció.
Y ansí, se partieron[32], y Inca Yupanqui se quedó en la ciudad, y los tales señores caciques se fueron de allí derechos do Viracocha Inca estaba; y despues de le haber hecho su debido acatamiento, como Inca Yupanqui se lo habia mandado, le dijeron cómo Inca Yupanqui los inviaba allí a que viesen en qué era servido que ellos le sirviesen; y como Viracocha Inca los viese delante de sí y tan gran multitud de señores y de tanto poder, holgóse mucho de ello, porque dellos tenia gran necesidad al presente, para que le favoresciesen con algun tanto de sus rentas, para edificar aquel pueblo que allí queria hacer; é díjoles que fuesen muy bien venidos, é levantóse de su asiento y abrazólos á todos y tornóse á sentar en su silla, y mandólos á todos que ansí se sentasen; y mandó que sacasen muchos vasos de chicha, y que les diesen á beber; y luego les hizo sacar mucha cantidad de coca, una yerba preciada que ellos siempre traen en la boca, la cual yerba la historia adelante dirá. Y ansí repartida entre aquellos señores, levantóse en pié Viracocha Inca, [y] considerando, que pues su hijo le inviaba aquellos señores y ellos tanto le amaban y le querian por Señor, que era justo que él ansimismo en ello les animase, les hizo cierta oracion, por la cual él de su parte les agradescia lo que por él y por su hijo habian hecho, y que ya sabian y habian oido decir que él hasta allí habia sido Señor del Cuzco, é que él se habia salido dél por causas que para ello le movieron; y que de allí adelante Inca Yupanqui, su hijo, habia de ser Señor en la ciudad del Cuzco, y que á él obedeciesen y respetasen, como su tal Señor, y que él desde allí se desestia de la insignia y borla real y la ponia en la cabeza de su hijo Inca Yupanqui. Todo lo cual oido por los señores, se levantaron en pié, y uno á uno fueron á él y le dieron grandes gracias, y mostraron que rescibian en gran merced ellos el hecho del tal desistirse de la tal dignidad y darla á su hijo Inca Yupanqui, que ellos tanto amaban é querian por Señor; y esto hecho, se tornaron á sentar.
Y Viracocha Inca les rogó, que por cuanto él queria allí en el peñol do estaba edificar un pueblo, y que para ello tenia necesidad de su ayuda y gente, que les rogaba que tuviesen por bien de darle aquella ayuda; á lo cual le respondieron aquellos señores, que ellos habian venido allí para que él viese lo que ellos le pudiesen hacer algun servicio, como su Señor Inca Yupanqui se lo habia mandado; é que aquello y otra cualquier cosa que él mandarles quisiese estaban prestos de lo hacer; que les dijese el tiempo y mes en que queria comenzar [á] hacer su obra, para que ellos inviasen allí sus principales é indios para que entendiesen en la hacer y hiciesen los tales edificios; y que él, entretanto, diese la traza del tal pueblo, y hiciese hacer de barro la figura de los tales edificios, que ellos le inviarian allí maestros que los supiesen bien hacer, ansí de cantería, como de la manera quél los quisiese. Y Viracocha Inca su hijo (así) se lo agradeció á todos ellos, y luego mandó sacar muchas cosas, como fueron hondas y petacas de coca, y ciertas piezas de ropa fina y otras muchas cosas entre ellos muy preciadas; todas las cuales fueron traidas delante dél, y siendo, él allí mesmo por sus manos las dió y repartió á aquellos señores; y esto hecho, mandóles dar á beber, y que asímesmo les fuese repartida cierta cantidad de coca. Y esto hecho, Viracocha Inca se levantó en pié y les agradeció la voluntad y amor que á él y á su hijo le mostraban y tenian; y díjoles el mes y tiempo en que habian de enviarle sus indios y gentes para que edificasen su pueblo; é ansí, los señores se levantaron en pié, é quedando con él de se los inviar, como dicho tenian, le hicieron su acatamiento, é ansí se despidieron dél; donde le dejaremos, y hablaremos de Inca Yupanqui.
CAP. XI.—En que trata de cómo Inca Yupanqui hizo la Casa del Sol y el bulto del sol, y de los grandes ayunos, idolatrias y ofrecimientos que en ello hizo.
Salidos que fueron aquellos señores caciques de donde Inca Yupanqui estaba, y fueron á do Viracocha Inca estaba, como ya la historia os ha contado, é Inca Yupanqui quedase solo en su ciudad con los suyos, despues de haber reposado dos dias, parescióle que tenian ya ociosidad, é habia tomado por recreacion el ejercer de su persona; é ansí, salió un dia de mañana de la ciudad del Cuzco, é llevando consigo los señores que allí consigo tenia, anduvo aquel dia todas las tierras que en torno de la ciudad eran, y lo mismo hizo otro dia siguiente; [y] despues de las haber bien visto y mirado, vió la mala reparticion é arte que el tiempo que allí su padre estuvo ellas tenian. El tercero dia, tambien ansímismo anduvo mirando, juntamente con los señores, el sitio donde la ciudad del Cuzco estaba fundada, todo lo cual, ó lo más dello, eran ciénagas y maniantales, como ya la historia os lo ha contado, y las casas de los moradores della eran pequeñas y pajizas é mal edificadas y sin proporcion de arte de pueblo que calles tuviese; y bien ansí como es el dia de hoy junto á esta ciudad un pueblo que llaman Cayaucachi, era en aquel tiempo las casas y pueblo que agora es la gran ciudad del Cuzco.
Y como Inca Yupanqui viese tan mal parado este pueblo del Cuzco, é ansímismo las tierras de labranzas que en torno dél eran, parescióle, viendo que tenia tiempo y gran aparejo para de nuevo reedificarla, y que primero que en el pueblo hiciese casa, ni el reparto de las tierras, que seria bien hacer y edificar una casa al sol, en la cual casa pusiesen y fuese puesto un bulto en el lugar do el sol reverenciasen y hiciesen sacrificios; porque, aunque ellos tienen que haya uno que es el Hacedor, á quien ellos llaman Viracocha Pachayachachic, que dice Hacedor del mundo, y ellos tienen que éste hizo el sol y todo lo que es criado en el cielo y tierra, como ya habeis oido; caresciendo de letras, y siendo ciegos del entendimiento en el saber, casí muchos varian en esto en todo y por todo, que unas veces tienen al sol por hacedor, y otras veces dicen que el Viracocha; y por la mayor parte, en toda la tierra y en cada provincia della, como el Demonio les traiga ofuscados, y en cada parte que se les demostraba les decia mil mentiras y engaños, y ansí los traia engañados y ciegos, y en los tales lugares do ansí le vian ponian piedras en su lugar, á quien ellos reverenciaban y adoraban. Y como les dijese unas veces que era el sol, y á otros en otras partes decia que era la luna, y á otros que era su Dios y Hacedor, é á otros que era su lumbre que los calentaba y alumbraba, é que ansí lo verian en los volcanes de Arequipa[33]; en otras partes decia que era el Señor que habia dado el ser al mundo, y que se llamaba Pachacama, que dice, Dador de ser al mundo; y ansí los traya, como tengo dicho, engañados y ciegos.
Y volviendo á nuestra historia, este Señor Inca Yupanqui, como quisiese hacer casa y adoratorio á quien él reverenciase y los demás de su pueblo, quiriendo lo hacer á reverencia y semejanza del que habia visto ántes de su batalla, y considerando él quel que ansí viera, á quien él llamaba Viracocha, que le vió con gran resplandor, segun ellos dicen, y en tanta manera que le paresció que todo el dia era allí delante dél y su lumbre, lo cual viendo delante de sí, dicen que hubo gran pavor, y que nunca le dijo quién fuese; considerando él en sí, cuando esta casa queria edificar, que aquel que viera, segun la lumbre que en él habia visto, que debia de ser el sol, y que como llegase á él y la primera palabra que le dijese "Hijo, no tengas temor," y ansí los suyos, como la historia os ha contado, le llamaron despues Hijo del Sol; y tiniendo él ansí lo que ya habeis oido, propuso de hacer esta Casa del Sol.
Y como la propusiese, llamó los suyos y los señores de la ciudad del Cuzco que allí consigo tenia, y díjoles lo que ansí tenia pensado y que queria edificar esta casa; y ellos le dijeron que diese la órden y traza del edificio della, porque tal casa como aquella, ellos, los naturales y propios de la ciudad del Cuzco la debian edificar é hacer; é Inca Yupanqui les dijo que la casa debia ser edificada luego, porque él ansí lo tenia pensado. Y visto por él el sitio do á él mejor le paresció que la casa debia de ser edificada, mandó que allí fuese traido un cordel, y siéndole traido, levantáronse del lugar do estaban él y los suyos, y siendo ya en el sitio do habia de ser la casa edificada, él mismo por sus manos con el cordel midió y trazó la Casa del Sol; y habiéndola trazado, partió de allí con los suyos y fué á un pueblo que dicen Salu[34], que es casi cinco leguas de esta ciudad, ques do se sacan las canteras, y midió las piedras para el edificio desta casa, y ansí medidas, de los pueblos comarcanos pusieron las piedras que les fué señaladas y las que fueron bastantes para el edificio desta casa; y juntamente con esto, trujeron todo lo demás que para el edificio desta era necesario; y siendo ya allí, pusieron por obra el edificio della, bien ansí como Inca Yupanqui la habia trazado y imaginado. Andó él siempre y los demás señores encima de la obra, mirando cómo la edificaban, y ansí él como los demás, trabajaban en el tal edificio; la cual obra, como allí tuviese juntos los materiales y menesteres della, que en breve tiempo fué acabada.
Y como ya fuese acabada esta otra Casa del Sol que habeis oido, mandó Inca Yupanqui que luego fuesen juntas quinientas mujeres doncellas, y como allí fuesen traidas, ofreciólas al sol, para que allí siempre estas tales doncellas sirviesen al sol y estuviesen allí dentro, bien ansí como las monjas son encerradas; y luego, allí, llamando á un señor anciano y natural de la ciudad del Cuzco que á él le pareció que era hombre honesto y de buen exemplo y fama, que estuviese y regiese allí en la Casa del Sol, y que fuese mayordomo del sol y de la tal casa. Y luego mandó que allí fuesen entregados doscientos mozos de servicio del sol; y ansímismo en aquella hora señaló ciertas tierras para el sol, en que sembrasen estos doscientos yanaconas.