Y ansí, salió este señor en la manera ya dicha; y como llegasen á do Vicaquirao venia y llegasen á él, hizo su acatamiento, y lo mismo á él Vicaquirao; y como le viese ansí venir llorando, preguntóle que qué pasion habia habido, aunque él bien sospechaba lo que era, porque él le habia muerto por sus manos un hermano suyo en la emboscada. El señor le dijo que lloraba por un hermano suyo que en la emboscada habia muerto; todo lo cual el Vicaquirao le riñó y le dijo ser mal hecho y acordado. El señor le respondió que él no era culpante en ello, y que Viracocha Inca lo habia proveido sin darles parte. Á esto le respondió Vicaquirao, que si Viracocha Inca lo habia proveido, que lo que de allí habia ganado que lo guardase, que no restituía tan aina los amigos y deudos que allí habia perdido. El señor dijo que ya aquello era hecho, y que en ello no habia que hacer ni hablar, que en acuerdo loco lo habia proveido Viracocha Inca; que le rogaba que le dijese que á qué volvia y qué era su demanda. Vicaquirao se lo dijo, y entónces aquel señor le dijo á Vicaquirao el arma que les habia dado y acuerdo que habian tenido, y lo que en el tal acuerdo se habia acordado, y á lo que él habia salido. Todo lo cual oido por Vicaquirao, le tomó muy gran risa á él y á los suyos que allí estaban en torno, y fué tan de gana este reir, que aquel señor se rió con ellos. Ansí, todos juntos se fueron á do estaba Viracocha Inca; y como ansí fuesen un espacio, éste rogó á Vicaquirao que le dejase ir delante, para asegurar á Viracocha Inca, que le habia dejado alborotado á él y á todos los suyos con temor de lo que ya le habia dicho; y ansí se fué este señor á do Viracocha estaba y le dijo á lo que Vicaquirao iba. Y dende á poco, llegó Vicaquirao á do el Viracocha Inca, y hízole su acatamiento, y díjole la embajada que de parte de Inca Yupanqui le llevaba que ya habeis oido; al cual respondió Viracocha Inca quél holgara de hacello si no entendiera que volver á el Cuzco, habiendo salido dél huyendo, le era cosa afrentosa, y que no estaria á él bien entrar en la ciudad, habiéndola desamparado y habiendo habido vitoria un muchacho, como era su hijo Inca Yupanqui; que allí do estaba en aquel peñol de Cayuca Xaquixaguana[30], pensaba hacer un pueblo con la gente que consigo tenia, y allí pensaba morir; y que más no le esperasen en el Cuzco, que no pensaba entrar más en él en sus dias. Y así lo hizo Viracocha Inca, que pobló en aquel peñol, por cima de Calca, siete leguas del Cuzco, y hizo un pueblo las más de las casas de cantería.

Y como entendiesen y conociesen todos los más que con Viracocha estaban en el peñol, que Inca Yupanqui era tan guerrero y tan amigable á todos, lo cual le conocian desde su niñez, y tenian que siendo señor, como era, y habiendo acabado una empresa tan grande, que no podria dejar de hacer grandes mercedes á los que á él se llegasen y le quisiesen servir, y considerando esto, muy mucha gente, de la que allí consigo tenia Viracocha Inca, se fué á la ciudad del Cuzco. Inca Yupanqui los recibió con rostro alegre; y desculpábansele los tales que ansí iban y decíanle, que si le habian desmamparado, que su padre los habia llevado; y él los respondía á esto que le decian, que no tenia enojo contra ellos, que si habian ido con su padre, que habian hecho como buenos, que su padre era su Señor y de todos ellos. Ansí, como llegaban do él estaba viniendose de donde su padre estaba, los rescibia bien, y dábales tierras, mujeres, y casas, y ropa, y nunca quitó á ninguno cosa de las que allí habia dejado, cuando con su padre saliera, como eran casas, tierras, depósitos de comida, é ropas que en sus casas ansí habian dejado; ántes les decia á los tales, que él habia quedado en guarda de sus haciendas, que como entendiese dellos que se habian ido á recrear con su padre, que él habia quedado en guarda de sus haciendas todas, que cada uno mirase si le faltaba alguna cosa de su casa, que él como guarda que habia quedado de ellas, les daria cuenta dello, é que á ninguno le faltaria cosa. Todo lo cual él habia hecho proveer; é mandó á ciertos señores que no consintiesen que entrase nadie en ninguna casa que ansí habian dejado despoblada, porque siempre tuvo que los tales moradores de ellas, constándoles á cada uno por sí su gran magnificencia, se volveria cada uno ansí á su casa; y ansí se volvian, como ya habeis oido.

É tornando á hablar de Vicaquirao, que habia quedado con Viracocha Inca persuadiéndole y rogándole que se quisiese venir á su ciudad, lo cual nunca pudo acabar con él; y pasados los tres dias que allí estuvo en su compañía, constándole que Viracocha Inca estaba en no querer volver al Cuzco, se volvió Vicaquirao. Llegado á la ciudad del Cuzco, dijo á Inca Yupanqui la respuesta que Viracocha Inca le dijera, que ya habeis oido, y lo demás que con él pasara; todo lo cual oido por Inca Yupanqui, pesóle, por ver que su padre no quisiera venir á ser Señor como lo era ántes.

CAP. X.—En que trata de cómo Inca Yupanqui hizo juntar su gente y les repartió el despojo; y lo que se hizo de la gente que el Viracocha le diera por la oracion que á él hiciera; y cómo tuvo nueva de la gente que hacian los capitanes de Uscovilca, y de cómo fué sobre ellos y los venció, y cómo, despues de esto, tornó otra vez á partir el despojo que en esta batalla hubieron; y de las cosas que en este tiempo pasaron.

Y viendo aquello, mandó juntar toda su gente la que con él al presente era, que dicen seria más de cincuenta mill hombres de guerra; y estos eran los que los señores comarcanos quedaron de le dar, si gente tuviese, que como viesen la multitud de gente que en favor de Inca Yupanqui venian, y como hubiesen quedado de le ayudar, lanzáronse ellos con toda su gente á le ayudar, con la gente que ansí venia en favor de Inca Yupanqui; [é] ansí le dieron favor estos comarcanos. Y dicen que acabada de dar la batalla á Uscovilca, y habido vitoria por Inca Yupanqui, que la gente que el Viracocha le inviara, que luego se le desapareciera y que no viera consigo más destos cincuenta ó sesenta mill hombres, que fueron los que mezclaron los comarcanos entre la gente que habeis oido.

Y haciendo Inca Yupanqui juntar su gente, mandó que ante sí trujesen todo el despojo de la batalla, tomando dello lo mejor que le paresció, para hacer dello sacrificio al Viracocha, por el favor y vitoria que le diera de sus enemigos; y todo lo demás del despojo dió é repartió á todas sus gentes, conforme á su calidad y servicios. Y sabido que fué por la redondez y comarca desta ciudad la gran magnificencia del nuevo Señor y cómo sabia gratificar los servicios, hubo en toda la redondez gran contentamiento; y ansí se le vinieron muchos caciques y gente á se le ofrescer de todas partes y tener por Señor.

Y estando Inca Yupanqui en esta manera que ya habeis oido, vino á él un mensajero de un capitan suyo, que al presente estaba en guarda de la ciudad, dos leguas della, procurando saber de sus enemigos lo que hacian en la junta do se juntaban, por el cual le invió á decir, que los capitanes que se escaparon de la batalla huyendo do matóse á Uscovilca, que ya habeis oido, questaban ya rehechos en Xaquixaguana y confederados con los naturales della, y que de su tierra les habia venido mucha gente y socorro; y que ansimismo eran ya llegados allí los otros cuatro capitanes de Uscovilca que de Paucaray él les inviara á descubrir por las provincias de Condesuyo é Andesuyo, que ya la historia os ha contado; que como ya fuesen todos juntos, partian otro dia por la mañana á le dar la batalla y á vengar la muerte de su señor Uscovilca.

Sabida la nueva por Inca Yupanqui, mandó á los tres sus buenos amigos y á los demás caciques y señores que en su córte y servicio habian venido, que luego juntasen la gente de guerra y la sacasen á cierto campo, cada uno con sus armas, é que los contasen todos uno á uno. Y sacados y contados, hallaron de número cien mill hombres de guerra, la cual gente se le habia juntado por la gran fama que dél se publicó. Y dicen que los enemigos que eran casi doscientos mill hombres. Y ansí, mandó Inca Yupanqui que fuesen hechos cuatro escuadrones desta su gente, mandando que cada cacique señor de los indios que allí eran, fuesen caudillos de su gente; y así repartidos, [nombró?] por generales de los tres escuadrones á sus tres buenos amigos, tomando para sí el uno de ellos; y proveidos todos ellos de las armas necesarias, mandó marchar su campo en busca de sus enemigos; los cuales, como supiesen que eran salidos del Cuzco, tornáronse á volver á Xaquixaguana, donde le esperaron. Y el Inca Yupanqui con su gente, el dia de la batalla, como se viese á vista de sus enemigos, y para romper y frontar con ellos, dicen que volvió la cara atrás á ver su gente é escuadrones, los cuales estaban divididos y cada uno por sí, [y] dicen que vió tanta gente que se le habian llegado en aquella sazon para le ayudar, que no se pudo contar; y afrontóse con sus enemigos tomándolos en medio y dándoles por todas partes, que fué tan cruel y tan reñida esta batalla, que la comenzaron ya alto el sol, que seria á la hora de las diez, segun ellos señalan, y á hora de vísperas fué conocida vitoria della por Inca Yupanqui, donde fueron muertos de la parte de Inca Yupanqui más de treinta mill hombres, y de los Chancas, que eran los enemigos, no quedó hombre á vida; entre los cuales se hallaban que se habian metido los naturales de Xaquixaguana, y se habian hecho inciensar[31] los cabellos.

Y conocida la vitoria y vencida la batalla, apartáronse á una parte todos los de Xaquixaguana, y todos juntos fueron delante de Inca Yupanqui, y echáronsele por tierra, á los cuales los de Inca Yupanqui quisieran matar por haber visto la muerte de los suyos. Inca Yupanqui se lo defendió, diciendo que no los matasen, que si con los Chancas se habian hallado, que seria por haber sido la junta en su tierra, é que no podian hacer otra cosa; y ellos ansímismo decian las mismas palabras y daban la misma satisfaccion. Y luego mandó Inca Yupanqui, que por cuanto eran orejones, que luego les fuesen trasquilados sus cabellos; y ansí ellos mismos se trasquilaron todos, viendo la voluntad del Inca y viendo que les hacia merced en aquello, y porquel traje de Inca Yupanqui y de los del Cuzco era andar atusados. Y esto hecho, mandóles que se fuesen todos á su pueblo, é que viviesen en paz; y mandó á sus capitanes que no consintiesen que á aquestos de Xaquixaguana nadie les hiciese enojo ninguno ni les tomasen cosa, y si alguna cosa de sus haciendas en aquel despojo les fuese tomada, luego se la hiciesen volver.

Y luego mandó que todos los prisioneros fuesen traidos delante de sí; á los cuales, como allí fuesen, les preguntó ¿qué habia sido la causa, constándoles que era su poder grande, que con él hiciesen otra vez batalla? Y siendo allí entre los prisioneros que allí fueron habidos los cuatro capitanes de Uscovilca que habian ido á descubrir, como ya la historia os ha contado, [dijeron, respondieron?] que la causa que les movió hacer la junta que hicieron en dar aquella batalla, que fué haber visto que su ventura era grande en las jornadas que habian andado é tierras que habian conquistado, dándole allí razon de las batallas y recuentros que en tal jornada cada uno dellos habia habido, y que en ninguna de ellas nunca habian habido desgracia, sino que siempre habian sido victoriosos; y como esto les hubiese acaescido, teniendo que siempre su vitoria estaba en pié, que habian querido dar aquella batalla, pensando restaurar aquella pérdida de su Señor y vengar su muerte. Á lo cual respondió Inca Yupanqui, que lo habian mirado mal, é que si fueran gentes de entendimiento, que habian de presumir, que si habian habido vitoria por la tierra que le decian que habian andado, que habian de considerar que la habian habido en ventura de su Señor Uscovilca, que en la tal demanda los habia inviado, y que como viesen y hobiesen sabido que su Señor era desbaratado y muerto, que habian de presumir que ya les era acabada la ventura, y que él ni ellos no la tenian ya; y que para que ellos fuesen castigados y otros mirasen é oyesen, que en aquel sitio serian castigados ellos y todos los demás; é porque no fuesen otra vez [á] hacer gente, la cual á él le desasosegase y fuesen causa ellos de que otros questaban inocentes de se hallar en semejantes casos por donde perdiesen las vidas, como habia sido muy muchos que ellos [á] aquella junta habian hecho juntar, que en aquel sitio serian castigados. Y ansí, los mandó llevar de delante de sí, y que en el sitio do la batalla se diera, y para que della hobiese memoria, en presencia de todos los de su campo mandasen hincar muchos palos de los cuales fuesen ahorcados, y despues de aderezados [ahorcados], les fuesen cortadas las cabezas y puestas en lo alto de los palos; y que sus cuerpos fuesen allí quemados y hechos polvos, y desde los cerros más altos fuesen aventados por el aire, para que desto hobiesen memoria. Y ansí mismo mandó que ninguno fuese osado de enterrar ningun cuerpo de los enemigos que ansí habian muerto en la batalla, porque fuesen comidos de zorros y aves y los gusanos [huesos] de los tales fuesen allí vistos todo el tiempo. Todo lo cual fué hecho generalmente en la manera que habeis oido.