Y como esto viese Viracocha Inca que era verdad que hubiese habido victoria de sus enemigos Inca Yupanqui, su hijo, tomó gran pesar y envidia dello, por gran ódio que le tenia, como ya os he contado; todo lo cual conoció en él Inca Yupanqui su hijo, con gran pesar. Y no tiniendo respeto á aquello, sino á que era su padre y Señor, tornóle á rogar Inca Yupanqui que le pisase como su Señor y padre; á lo cual respondió Viracocha Inca, que lo mandase meter en cierto aposento y que lo pisase primero su hijo Inca Urco, que era el hijo quél más queria, en quien él pensaba dejar despues de sus dias su estado y lugar de su persona, como ya hemos contado. Á lo cual respondió Inca Yupanqui, que á él, como á su padre, rogaba que se lo pisase, que él no habia ganado victoria para que se lo pisasen semejantes mujeres como eran Inca Urco y los demás hermanos; que se lo pisase él como persona á quien él tenia por su Señor é su padre; si no que se iria.

Y estando en esto, hizo llamar Viracocha Inca un señor de los que consigo tenia, y hablándole á solas, le dijo que sacase secretamente la gente de guerra que consigo tenian, é que la llevase á cierta quebrada de monte y paja alta donde estuviese secretamente; y que tan de mientras quél iba, quél ternia en palabras á Inca Yupanqui en cierto aposento, mientras él emboscase allí á la gente; y que dentro del aposento, si él pudiese, á manos le mataria; y que si de allí escapase, que le matase él en la quebrada del monte por do habia de tornar á volver el Inca Yupanqui. Y esto concertado, salióse aquel señor á hacer lo que le mandaba Viracocha Inca.

Viracocha Inca volvióse á Inca Yupanqui é comenzóle de hablar con buenas palabras y á mostrarle rostro alegre. Ya que le paresció que habria hecho aquel capitan suyo lo que le habia mandado, levantóse el Viracocha Inca y rogó á Inca Yupanqui que metiese aquellas cosas que llevaba de Uscovilca dentro del aposento do ántes le habia rogado que las mandase meter, para que las pisase su hijo Inca Urco y que luego se las pisase él. Tornóle á responder Inca Yupanqui que las pisase él, si quisiese, y si no que se iria, como ya le habia dicho. Y viendo Viracocha Inca que no podia acabar con él que las pisase Inca Urco, pensando de le matar dentro del aposento, dijo que lo mandase meter dentro del aposento, questando ellos solos, lo pisaria delante dél. Y estando en esta porfia, llegáronse á Inca Yupanqui sus tres buenos amigos, y sospechando la traicion que Viracocha Inca queria hacer, no consintieron que Inca Yupanqui entrase en el aposento.

Y estando en esto, llegó á Inca Yupanqui un capitan suyo de los que él con la gente de guarda traia, y díjole que habian visto salir cierta gente de guerra de allí del peñol, los cuales habian salido uno á uno y de dos en dos, y que era mucha cantidad de gente la que habia salido, y que algunos de ellos llevaban lanzas y alabardas, é que iban por el camino do ellos habian venido; que sospechaba que aquestos fuesen á tomar algun paso para desque volviesen, ó que fuesen á tomar y robar lo que ellos en la cibdad del Cuzco tenian, y á tomársela. Y como aquesto le dijese aquel su capitan delante de sus tres buenos amigos, rióse Inca Yupanqui de ver que su padre le queria matar de aquella manera, y de conocer que reinaba envidia en él, y estándole él rogando que se sirviese de todo ello y que se lo acetase en servicio. Y como hubiese oido lo que aquel capitan le decia, dijo á los dos de aquellos sus tres amigos que tomasen la mitad de la gente que él en su guarda allí habia traido, y que ansí como habian salido los del peñol á le hacer traicion, que ansí los inviasen ellos uno á uno é dos á dos, los cuales fuesen en siguimiento de los que por Viracocha eran inviados, y que mirasen si los tales se emboscasen en algunos montes ó quebradas, y si iban al Cuzco; y con lo que ansí viesen y entendiesen, volviesen á el á le avisar de lo que ansí pasaba, para que él, teniendo entendimiento é siendo avisado de lo que era, diese órden en lo que habia de hacer con los que quedaban; é si caso fuese que los tales tuviesen hecha alguna emboscada, que allí do tuviesen razon y entendimiento dello, hiciesen alto, no avisando ni poniéndose de manera que los enemigos tuviesen entendimiento que los habian entendido; y que se fuesen luego con toda brevedad, porque él concluiria en breve con su padre, y con lo que ansí hiciesen luego se volverian.

Y ansí, sus buenos dos amigos, rogándole [rogáronle] que por ninguna via entrase á solas en el aposento con su padre, porque no le matasen en alguna traicion; y lo mismo encargaron á Apu Mayta, que quedaba con él, que mirase por su señor; y ansí salieron estos dos señores y mandaron entrar dentro do Inca Yupanqui estaba doscientos indios con sus hachas en las manos, á los cuales mandaron que se pusiesen en torno de donde Inca Yupanqui estuviese, y que le mirasen y guardasen, no le fuese hecha alguna traicion. Á la demás gente que allí quedaba, mandaron que se quedase á la puerta do Inca Yupanqui estaba, y que si sintiesen algun estruendo de gente dentro, entrasen de golpe todos, y que mirasen por su señor.

Y esto hecho, tomaron la gente que Inca Yupanqui les habia mandado, y echando delante cincuenta indios, uno á uno, dos á dos, cubiertas sus mantas (así), muy disimuladamente, bien así como habian salido los que habia mandado Viracocha Inca que delante saliesen; los cuales cincuenta indios fueron descubriendo y mirando por sus enemigos. Y como fuesen derramados y grande espacio unos de otros, un indio destos que delante iba, ya que llegaron junto á la quebrada de la leña y arroyo do la paja alta era, vió los enemigos que estaban emboscados; los cuales, como los viesen asomar, dejáronse todos caer sobre la paja, pensando que los habian visto. Y este indio, como los viese, sentóse en el suelo y hizo que se pasaba á atar cierta atadura de sus zapatos, la cual disimulacion era seña y aviso para sus compañeros que detras dél venian; al cual, como le viesen en la manera que habeis oido, de uno en otro volvió la nueva á los dos señores que detras dellos venian, los cuales, como entendieron que era emboscada, mandaron á todos los suyos que se recogiesen é juntasen allí do la voz les habia tomado, excepto á los cincuenta que delante habian salido; á los cuales mandaron que se anduviesen por allí mirando é descubriendo á los que estaban en la emboscada si salian ó pasaban delante, y avisasen al que ataba los zapatos, llegando un indio bajamente á él, el cual le dijese que mostrase que ataba y desataba sus zapatos y otras cosas de su traer, con lo cual mostrase disimulacion de lo que allí entendia.

Y dejando esto en este estado, volvamos á Inca Yupanqui, el cual, como hobiese proveido en lo que habeis oido, rogó á su padre que le pisase aquellas insignias de prisioneros que allí le habia traido de Uscovilca, al cual respondió Viracocha Inca, que no queria, si no lo pisaba primero Inca Urco; y á esto dijo Inca Yupanqui, que por ser él su padre y por le tener respeto y dalle obidiencia como á tal su Señor, habia él venido allí á su pueblo á que le pisase aquello, y ansímismo á le rogar que se volviese á su pueblo é ciudad del Cuzco; pues él, como su padre y en su nombre le habia ganado aquel empresa, que quisiese salir de allí y irse á la ciudad del Cuzco y entrase triunfando con aquellos capitanes y cosas de Uscovilca, porque aquella habia sido su intencion é á lo cual habia venido allí; que otra manera, que no tenia él que traer lo quél habia ganado á que lo pisase semejante Inca Urco, su hijo mayor. Y acabado de decir esto Inca Yupanqui á su padre Viracocha Inca, mandó tomar las vestiduras y lo demás de Uscovilca, y mandó levantar los prisioneros del suelo, que hasta aquella hora habian estado tendidos en tierra, é ansí se salió Inca Yupanqui, enojado y corrido de que su padre no hubiese querido pisarle sus prisioneros é lo que ya habeis oido. Y pesábale que su padre mostraba estar tan mal con él que le quisiese matar é procurar la muerte, viendo él en sí que no le habia dado causa para que dél hobiese enojo é dél tuviese malquerencia, sino que ántes procuraba y habia procurado hacerle todo servicio, y hacerle todo placer y contentamiento; y como conociese que el enojo y pasion que dél tenia era por invidia de ver quel escedia á todos sus hermanos, tenia algun tanto de pasion por ello.

En ansí se salió de donde su padre estaba, considerando estas y otras muchas cosas; y cómo llegase á do sus dos buenos amigos estaban con su gente esperándole y tiniéndole avisado de la traicion que le tenian armada, pensando de le tomar descuidado, dijo allí á sus capitanes que hiciesen tres partes aquella gente, y que las dos dellas fuesen divididas, la una por la parte del camino, y la otra por la otra, y la otra que fuese allí con él; y que estas dos partes que ansí iban divididas, fuesen encubiertas lo más que ser pudiesen, y que él entraria por el camino y por medio del monte, y que diesen por do la emboscada; y como sus capitanes dijesen: C ac'ayacha yaque, que dice: ¡Á ellos, á ellos![28], que luego su gente saliese, la que ansí iba cercando el monte, y que diesen en los enemigos, y que sin tener respeto á ninguno, no dejasen ninguno á vida.

Y esto ansí hecho y proveido, partió esta gente de guarda en la manera que ya habeis oido, é Inca Yupanqui con la que ansí quedó, é yendo por el camino derecho; y llegando á la quebrada, Inca Yupanqui, do el monte estaba y la emboscada le era hecha, ya que iba al medio de ella, llevando su gente apercibida y avisada de lo que sospechaban, tiráronle[29] de dentro de la montaña una piedra á Inca Yupanqui y no le acertaron, mas de que dieron á uno de los que las andas llevaban; y visto esto por Inca Yupanqui y sus tres buenos amigos, dijeron en alta voz: ¡Á ellos, á ellos!; y como su gente, que ya tenian el monte cercado, oyesen la voz, dieron en los de la emboscada de tal manera, que no se les escapó hombre.

Y llegado que fué Inca Yupanqui á la ciudad del Cuzco, mandó á su amigo Vicaquirao que volviese á su padre Viracocha Inca, y que le dijese que viniese á su ciudad, que le tenia guardadas las cosas ya dichas para que dellas triunfase; y ansí mandó que saliesen con él tres mill hombres que le guardasen y acompañasen. Y ansí, se partió Vicaquirao; y llegado que fué al peñol do Viracocha Inca estaba, hallólo que estaba en grande llanto él y los suyos por la muerte de los que Inca Yupanqui les matara en la emboscada, en la cual habian sido muertos muchos señores principales de los que con él tenia; y como tuviese nueva Viracocha Inca que de hácia el Cuzco venia gran golpe de gente de guerra, tenia que volvia su hijo sobre él á le matar á él y á los suyos que consigo tenia, y entró allí en breve consulta con los suyos, en la cual acordaron, que si de guerra venia su hijo sobre él y caso fuese que á plática viniesen de algun concierto ú otra cosa en que fuese pedille vasallaje, que hiciese todo aquello que por él le fuese pedido é demandado. É para saber quién venia, ó en qué demanda venia el que allí venia, mandó Viracocha que saliese un señor de los que con él estaban puesto de luto y llorando, y que ansí mismo con él otros diez indios en la misma manera, é que saliesen del peñol uno en pos de otro, y queste señor fuese delante y que los indios que detrás dél iban, mirasen de qué arte los recibian la gente que ansí venia, si les prendia ó hacian algun enojo, y de lo que ansí viesen le volviesen á avisar.