MARSILLA. No es esto piedra, es un lecho.
¿Qué ha sido de mi prisión?

ZULIMA. Mira este albergue despacio,
y abre el corazón al gozo. 120

MARSILLA. ¡Señora!…. (Reparando en ella.)

ZULIMA. Tu calabozo
se ha convertido en palacio.

MARSILLA. Di (porque yo no me explico
milagro tal), di, ¿qué es esto?

ZULIMA. Que eras esclavo, y que presto 125
vas a verte libre y rico.

MARSILLA. ¡Libre! ¡Oh divina clemencia!
Y ¿a quién debo tal favor?

ZULIMA. ¿Quién puede hacerle mejor
que la Reina de Valencia? 130
Zulima te proporciona
la sorpresa que te embarga
dulcemente: ella me encarga
que cuide de tu persona:
y desde hoy ningún afán 135
permitiré que te aflija.

MARSILLA. ¿Eres?….

ZULIMA. Dama suya, hija
del valeroso Merván.