MARSILLA. ¡Tú la Sultana! 350
ZULIMA. La Reina.
MARSILLA. Toma, con eso (Dándole el lienzo ensangrentado.) correspondo a tu afición: entrega sin dilación a hombre de valor y seso el escrito que te doy. 355 Sálvete su diligencia.
ZULIMA. ¡Cómo! ¿Qué riesgo?…
MARSILLA. A Valencia
tu esposo ha de llegar hoy;
y en llegando, tú y él y otros
a sedicioso puñal 360
perecéis.
ZULIMA. ¿Qué desleal
conspira contra nosotros?
MARSILLA. Merván, tu padre supuesto. Si tu cólera no estalla, mi labio el secreto calla, 365 y el fin os llega funesto.
ZULIMA. ¿Cómo tal conjuración a ti!….
MARSILLA. Frenético ayer, la puerta pude romper de mi encierro: la prisión 370 recorro, oigo hablar, atiendo…. —Junta de aleves impía era, Merván presidía.— Allí supe que volviendo a este alcázar el Amir, 375 trataban de asesinarle. Resuélvome a no dejarle pérfidamente morir, y con roja tinta humana y un pincel de mi cabello 380 la trama en un lienzo sello, y el modo de hacerla vana. Poner al siguiente día pensaba el útil aviso en la cesta que el preciso 385 sustento me conducía. Vencióme tenaz modorra, más fuerte que mi cuidado: desperté maravillado, fuera ya de la mazmorra. 390 Junta pues tu guardia, pon aquí un acero, y que venga con todo el poder que tenga contra ti la rebelión.
ZULIMA. Dé a la rebelión castigo 395 quien tema por su poder; no yo, que al anochecer huir pensaba contigo. Poca gente, pero brava, que al marchar nos protegiera, 400 sumisa mi voz espera escondida en la alcazaba. Con ellos entre el rebato del tumulto, partiré; con ellos negociaré 405 que me venguen de un ingrato. Teme la cuchilla airada de Zaén, el bandolero; tiembla, más que de su acero, de esta daga envenenada. 410 ¡Ay del que mi amor trocó en frenesí rencoroso! ¡Nunca espere ser dichoso quien de celos me mató!