ESCENA VI

MARGARITA, ISABEL

MARGARITA (aparte, siguiendo con la vista a los dos que se
retiran
.)
Aunque nada les oí,
deben estar ya los dos
reconciliados.

ISABEL (que viene tras su madre). Por Dios, 285
madre, haced caso de mí.

MARGARITA. No; que es repugnancia loca la que mostráis a un enlace, que de seguro nos hace a todos, merced no poca. 290 Noble sois; pero mirad que quien su amor os consagra es don Rodrigo de Azagra, que goza más calidad, más bienes: en Aragón 295 le acatan propios y ajenos, y muestra, con vos al menos, apacible condición.

ISABEL. Vengativo y orgulloso es lo que me ha parecido. 300

MARGARITA. Vuestro padre le ha creído digno de ser vuestro esposo. Prendarse de quien le cuadre no es lícito a una doncella, ni hay más voluntad en ella 305 que la que tenga su padre. Hoy día, Isabel, así se conciertan nuestras bodas: así nos casan a todas, y así me han casado a mí. 310

ISABEL. ¿No hay a los tormentos míos
otro consuelo que dar?

MARGARITA. No me tenéis que mentar
vuestros locos amoríos.
Yo por delirios no abogo. 315
Idos.

ISABEL. En vano esperé.
(Sollozando al retirarse.)