ESCENA VII

Bosque inmediato a Teruel

MARSILLA, atado a un árbol

Infames bandoleros, que me habéis a traición acometido, 310 venid y ensangrentad vuestros aceros: la muerte ya por compasión os pido. —Nadie llega, de nadie soy oído; vuelve el eco mis voces, y parece que goza en mi dolor y me escarnece. 315 Me adelanté a la escolta que traía: su lento caminar me consumía. Yo vengo con amor, ellos con oro. —Enemigos villanos, los ricos dones del monarca moro 320 no como yo darán en vuestras manos: tienen quien los defienda. Pero las horas pasan, huye el día. ¿Qué vas a imaginar, Isabel mía? ¿Qué pensarás, idolatrada prenda, 325 si esperando abrazar al triste Diego, corrido el plazo ves, y yo no llego? Mas por Jaime avisados en mi casa estarán: pronto, azorados con mi tardanza…. Sí, ya se aproxima 330 gente. ¿Quién es?

ESCENA VIII

ZULIMA, en traje de hombre.—MARSILLA

ZULIMA. Yo soy.

MARSILLA. ¡Cielos! ¡Zulima!
¡Tú aquí! (Aparte. ¡Presagio horrendo!)

ZULIMA. Vecinos de Teruel vienen corriendo a quienes más que a mí toca librarte: yo sólo en esta parte 335 me debo detener mientras te digo que Isabel es mujer de don Rodrigo.

MARSILLA. ¡Gran Dios!—Mas no: me engañas, impostora.