ZULIMA. Zaén, que llega de Teruel ahora,
Zaén ha visto dar aquella mano 340
tan ansiada por ti.
MARSILLA. Finges en vano.
Tú ignoras que mi próxima llegada
previno un mensajero.
ZULIMA. Tú no sabes que un tirador certero supo dejar tu previsión burlada, 345 saliéndole al camino al mensajero. Yo hablé con Isabel, yo de tu muerte la noticia le dí, y a los bandidos encargué que tu viaje detuvieran. Yo, celebradas de Isabel las bodas, 350 te las vengo a anunciar.
MARSILLA. ¿Con que es ya tarde?
ZULIMA. Mírame, bien, y dúdalo si puedes. Inútiles mercedes el Rey te prodigó: más he podido, prófuga yo, que mi real marido. 355 Yo mi amor te ofrecí, bienes y honores, y te inmolé mi fe y el ser que tengo; tú preferiste ingrato mis rencores: me ofendiste cruel, cruel me vengo. Adiós: en mi partida 360 te dejo por ahora con la vida, mientras padeces en el duro potro de ver a tu Isabel en brazos de otro. (Vase.)
ESCENA IX
MARSILLA
MARSILLA. Monstruo, por cuya voz ruge el abismo, vuelve y di que es engaño 365 todo lo que te oí. (Forceja para desatarse.) Lazos crueles, ¿cómo me resistís? ¡Ligan cordeles al que hierros quebró! ¿No soy el mismo? ¡Ah! no. Mujer fatal, cortos instantes me quedan que vivir, si no has mentido; 370 pero ¡permita Dios que mueras antes!
ESCENA X
ADEL, pasando por una altura.—MARSILLA