MARTÍN ¿Te han despojado? 395
MARSILLA. Nada he perdido: la esperanza sólo.
MARTÍN. ¡Suerte cruel! Cuando el fatal sonido de la campana término ponía….
MARSILLA. ¡Esa tigre anunció la muerte mía!
MARTÍN. ¿Lo sabes?
MARSILLA. De ella.
MARTÍN. ¡Horror! Entonces era 400 cuando Jaime, el sentido recobrando, la traidora noticia desmentía. Corro al templo a saber…. Miro, enmudezco…. ¡Eran esposos ya! Tu bien perdiste… Dios lo ha querido así… Pero aun te quedan 405 padres que lloren tu destino triste.
MARSILLA. El ajeno dolor no quita el mío. ¿Con qué llenáis el hórrido vacío que el alma siente, de su bien privada? ¡Padre! sin Isabel, para Marsilla 410 no hay en el mundo nada. Por eso en mi doliente desvarío sed bárbara de sangre me devora. Verterla a ríos para hartarme quiero, y cuando más que derramar no tenga, 415 la de mis venas soltará mi acero.
MARTÍN. Hijo, modera ese furor.
MARSILLA. ¿Quién osa hijo llamarme ya? ¡Fuera ese nombre! La desventura quiebra los vínculos del hombre con el hombre, 420 y con la vida y la virtud. Ahora, que tiemble mi rival, tiemble la mora. Breve será su victorioso alarde: para acabar con ambos aun no es tarde.