ISABEL. Perdido Marsilla, ya
¿qué bien tengo que perder? 180

ADEL. Con viva lástima escucho tus ansias de amor extremas; pero aunque tú nada temas, yo debo decirte mucho. Marsilla a mi Rey salvó 185 de unos conjurados moros, y el Rey vertió sus tesoros en él, y aquí le envió. El despreció la liviana inclinación de la infiel…. 190

ISABEL. ¡Oh! ¡Sí!

ADEL. Y airada con él vino, y se vengó villana contando su falso fin.

ISABEL. ¡Ella!

ADEL. Con una gavilla de bandidos, a Marsilla 195 detuvo, ya en el confín de Teruel, donde veloces corriendo en tropel armado, le hallamos a un tronco atado, socorro pidiendo a voces. 200

ISABEL. Calla, moro: no más.

ADEL. Pasa más, y es bien que te aperciba. —La Sultana fugitiva se ha refugiado en tu casa: en ésta.

ISABEL. ¡Aquí mi rival! 205

ADEL. Tu esposo la libertó.