No hemos podido rectificar la verdad de algunas curiosas anécdotas referentes á Miralla y á la proteccion que le dispensó cierto artífice italiano de una custodia famosa, que pasó al Perú despues de haber espuesto al público en uno de nuestros templos aquella joya destinada al culto.
El hecho es que en 1812 se le vé á Miralla en Lima, dando cuenta, en un cuaderno de pocas pájinas, “de las fiestas celebradas en la Ciudad de los Reyes con motivo de la promocion del Exmo. Señor Dr. D. José Baquijano al Supremo Consejo de Estado.”
Las descripciones de festividades públicas formaron un ramo especial de la literatura peruana. En época en que el talento del escritor tenia allí pocas aplicaciones, era una buena fortuna la oportunidad de lucir erudicion y facundia en el panejírico de algun personaje ó en la relacion de la alegria ó del dolor del público en ocasiones estraordinarias.
Miralla se manifiesta en ese escrito digno de desempeñar una tarea que él quiso confiar (como lo espresa en la dedicatoria) “á la pluma delicada de un ilustre literato.” No faltan allí, ni las citas latinas, especialmente de Lucano y de Ovidio, ni la desenfadada verbosidad á que la jeneralidad de los escritores limeños tenian acostumbrado el oido de sus conciudiadanos.
Sin embargo, cualquiera que lea el discurso que encabeza la “breve descripcion,” no podrá menos de advertir que es fruto de la cabeza de un hombre de ingénio, no mal preparado para honrar la carrera de las letras.
Es demas decir que en este cuaderno abundan los versos en todo metro y medida, la mayor parte anónimos. Sospechamos que muchos pertenecerán á Miralla y especialmente el siguiente cuarteto que fué colocado sobre el frontis iluminado de las casas consulares: el dejo á culto que tienen esos cuatro versos, es propió del terreno en que nacieron.
Estas llamas ardientes simbolizan
El amor que mereces á este pueblo:
Su inquietud el deseo de tu gloria,