Vera fué instado varias veces por D. Bernardino Rivadavia, cuando era éste secretario del Gobierno de Buenos Aires en 1812, para que pasase á aquella capital á ocupar un destino. Con este motivo, en una carta confidencial le contesta, dándole idea de sus aptitudes y hábitos, de la manera siguiente: “Santiago 24 de Julio de 1812.... Cuando V. se empeña en convidarme con esa capital me hace mas honor que el que merezco porque no me conoce. Permítame que le hable con toda la franqueza que me caracteriza. Yo no soy á propósito para comision alguna militar: abomino esta carrera. Tampoco tengo aquella luz de alta política que en las circunstancias exije la grande estension del gobierno superior de un Estado naciente. Mis talentos no pasan la raya de comunes; tal cual expedicion en la pluma, y el deseo de formarme por principios de pura reflexion y estudio sobre el hombre, acaso los hago aparecer mas de lo que son. Carezco de erudicion, porque ni he sido muy aplicado á la historia, ni me ha sobrado tiempo para dedicarme á ella: ahora empiezo. Casado cinco años hace en Chile con una jóven indotada y con dos hijos, el foro ha hecho toda mi subsistencia. Lo desamparé desde que acepté la Diputacion de Buenos Aires. Su corta renta es la que sufraga á las urgencias diarias porque nada he guardado ni he podido guardar de los honorarios de la abogacía que siempre han seguido la naturaleza de mi génio desprendido de intereses.... Diré mas: soy honrado: amo la justicia, y mi corazon solo deja de ser benigno cuando se le ataca. Los derechos de los pueblos y la libertad bien reglada, son mi manía”....

No sabemos precisamente en que fecha, pero es indudable que atravesó la cordillera y llegó á Buenos Aires, en donde desempeñó empleos y comisiones de mucha importancia. En una de estas se unió al general San Martin, gobernador de Cuyo entonces, á cuyo lado sirvió de secretario.

En toda época tuvo la fortuna el Dr. Vera de prestar sus servicios á la revolucion de Chile y al progreso social de aquel pueblo que le daba hospitalidad. O’Higins le encargó la redaccion del manifiesto justificativo de la independencia que se preparaba á declarar. Habiendo cedido el jeneral San Martin los 10,000 pesos que por indemnizacion de gastos de viaje le habia concedido el Cabildo para fomentar la biblioteca pública de Santiago, fué nombrado Vera para aplicar aquella cantidad al noble objeto á que era destinada.

Pero, en nuestro modo de ver, el gran servicio prestado por nuestro compatriota á la sociedad chilena, fué el haber contribuido á templarla en el fuego que iba cundiendo desde las orillas del Plata, y á despertar en ella ese entusiasmo atrevido sin el cual se quedan los pueblos á medio andar en el camino de un gran propósito.

El Dr. Vera que se confiesa poco dado á la historia, habia nacido poéta y acertaba sin violencia á herir el corazon con sus versos, sus canciones eran populares; todos las repetian;—y el autor mismo cubierto con el gorro frígio, resucitado por los jacobinos franceses, aparecía en los banquetes patrióticos entonando himnos que habia compuesto pocas horas antes. Compréndese, cual seria el entusiasmo que se despertaba en los que le oian y juntaban sus voces á la suya, al leer las estrofas de uno de aquellos ráptos líricos:

El augusto dia

Empezó á brillar

En que los esclavos

Puedan respirar.

El hombre recobra