De una aureola de sangre; como espinos

Sobre su frente críspanse sus canas;

Crujen sus dientes, hincha las mejillas,

Dilátase su pecho, y se estremece

Como á los calofrios de la fiebre.

Plácida resplandece en quieto cielo

La luna cuya lumbre baña el rostro

Con albor macilento al indio vate,

Mientras con esa luz contrasta el rojo

Resplandecer de las hogueras que arden.