como en otras edades disipóse
el error de los bárbaros del norte....
En las obras poéticas, la poesia es todo. Aunque cuanto la constituye pueda caber en una noble prosa como está probado por repetidos ejemplos, es preciso convenir, sin embargo, en que hay mucho de arte en la poesia y que por consiguiente ella debe halagar el oido con los sonidos,—fin que solo se consigue plenamente por medio de la versificacion, es decir por el período medido y por consonante. Estamos persuadidos de que el Sr. Magalháes habria dado un grado mas de perfeccion á su poema, si le hubiese compuesto en estancias regulares, ó en octavas italianas á imitacion das Luciadas ó del Curamurú de Duráo. La rima es una esclava para el que conoce su idioma y tiene imajinacion: solo es estorbo, por dicha, para aquellos versificadores á quienes, segun el dicho epigramático de Horacio, no pueden soportar ni los postes. La lenta rémora del consonante sazona, por decirlo así, al pensamiento que busca una forma definitiva al bregar con ella, saltan chispas de gracia, de novedad y eficacia que el prosador no habria hecho brotar jamás en el camino llano de su pluma: Manzoni la ha llamado con razon inspiratrice, porque es un verdadero jenio, aunque subalterno, en el coro de los que inspiran la labor del poeta.
Los escritores que hacen sensacion en nuestros paises meridionales, no deben apoyar ningun mal ejemplo en literatura, porque hay en nosotros una lijereza, una laxitud innatas que nos inclinan á buscar sendas fáciles y á ahorrarnos trabajo mental.
La poesia, que puede considerarse como el lujo superfluo de la república de las letras, es preciso que se presente siempre, como el oro y la seda, bajo las formas mas acabados y como fruto de un esmero artístico en consonancia con la preciosidad de la materia primera, si es permitida esta espresion profana. No se crea por esto que carece de armonía, de número ni de entonacion el verso libre en que está escrita la Confederacion de los Tamoyos. No aceptamos este jénero de versificacion por mas que Heredia y Basilio de Gama en América, y Quintana y Moratin en Europa, hayan dado bellísimas muestras de lo que pueden el talento y el estilo para producir armonia con instrumentos mal encordados.
Lunares mas visibles que este hemos creido encontrar en la obra de que nos ocupamos.
Parece que la organizacion del autor no estuviese predispuesta sino para sentir y pintar la voluptuosidad perfumada y luminosa de la naturaleza inanimada. El amor á Dios y á la patria, se presentan tambien en el poema con la conveniente exaltacion y con todo el calor con que la esperimentan las almas de buen temple. Pero el amor humano, el amor entre esos dos seres que desde la tentacion del paraiso se dicen al oido palabras que producen incendios y que los ata por el mas santo y dulce de los vínculos, ese amor no se muestra en los labios de personage alguno del poema; dejando asi sin pulsar la cuerda á que el corazon del hombre es mas sensible, y malogrando la ocasion de beber en la fuente inexhausta de la inspiracion mas viva. El casto Virjilio comunicó hasta cierto punto su carácter al pio Eneas; pero supo revivir en el pecho de la reina de Cartago los vestigios de la antigua llama. Es tanto mas sensible este vacio cuanto que aquella pasion, como todas las demas que mueven á la humanidad, reviste caracteres especiales y aspectos distintos segun el grado de civilizacion que ocupa en la escala social y segun otras influencias que el vate debe tomar en cuenta tanto como el fisiolojista. Que enérgico y orijinal debió ser aquel afecto en hombres que amaban á sus padres y á la patria con la vehemencia de Aimbire! Aimbire ama, es verdad, á Iguazú; no quiere vivir un momento mas que ella; pero deseamos conocer como se espresaria ese amor en el lenguage del desierto adornado con las imájenes sujeridas á la pasion por los torrentes y las selvas.
El chileno Oña, que hemos citado al principio, no solo salpica su poema con escenas amorosas, sino que interesa con ellas el alma y los sentidos, pintando al desnudo las gracias sin atavio de Fresia, jugueteando con su amante en las aguas corrientes de Arauco sombreadas de enredaderas y propicias al misterio.
La belleza airada y celosa de Moema forma uno de los episodios que salvarán del olvido el poema épico de la Conquista de Bahia, escrito por un fraile Agustino.