No se vengó solamente

en los árboles y jarcias,

sino en mi vida, de suerte

que ya, como ves, se acaba.

Toma esas cartas, y mira

si a tales empresas bastas,

que si Dios te da ventura,

segura tienes la fama.»

Sobre este particular añade el Sr. Fernández Duro: «Los que la tachan de invención despreciable, no se han fijado, al parecer, en que el más interesado, el Almirante mismo, consignó en sus Memorias[374] que un marinero tuerto, en el Puerto de Santa María, y un piloto, en Murcia, le aseguraron haber corrido con temporal hasta lejanas costas de Occidente, donde tomaron agua y leña para regresar. Los nombres no comunicó, ni dijo hasta qué punto las confidencias se extendieron; mas la declaración confirma plenamente, en lo esencial, aquello que entre la gente de mar corría por válido. Que el piloto muriese en su casa y le legara los papeles, adorno añadido puede muy bien ser; que el piloto existió y de su boca supo cómo había ido y vuelto de las tierras incógnitas, confirmado por él está»[375].

Más adelante escribe: «Con las indicaciones vulgares se vislumbra ya, desde luego, que hubo más de una expedición o aventura desgraciada, y que vascos, andaluces y portugueses intentaron la empresa que Cristóbal Colón llevó a cabo»[376].