Juan II, no sabiendo decidirse entre la opinión de la Junta y la del conde de Villarreal, tomó—según refiere la leyenda colombina—un término medio, cual fué mandar, con pretexto de ir a las islas de Cabo Verde, un buque, cuyo capitán, llevando los mapas y papeles que Colón había entregado sin desconfianza alguna, navegase hacia los lugares indicados en los dichos mapas y papeles. Cuentan que después de algún tiempo, la tripulación, sobrecogida de espanto, volvió a Lisboa, considerando como locura el pensamiento del insigne navegante. Creemos que todo esto—como acabamos de notar—pertenece a la novela.


CAPÍTULO XIX

Cristóbal Colón en Palos y en la Rábida.—Colón en Sevilla.—El duque de Medinasidonia y el duque de Medinaceli.—Colón en Córdoba: se presenta a los Reyes.—Retrato moral y físico de Colón.—Amigos y enemigos del genovés.—Política exterior e interior.—Junta de Córdoba.—Junta de Salamanca.—Colón ante los Reyes en Alcalá de Henares.—Doña Beatriz Enríquez de Arana.—Proposiciones presentadas por Colón a los Reyes Católicos.—Colón en la Rábida.—Los consejeros de Colón.—Juan Pérez ante Doña Isabel.—Tratado entre los Reyes Católicos y Colón.—El Almirante en la Rábida.—Martín Alonso Pinzón.—«Santa María», la «Niña» y la «Pinta».—Convenio entre Colón y Pinzón.

Habiendo fallecido la mujer de Colón (1484)[384], el audaz genovés abandonó a Portugal y llegó a la corte de Castilla, Estado a la sazón poderoso, engrandecido por la política de los Reyes Católicos. Debió de hacer el viaje por mar y no por tierra. Si realizó el viaje embarcado—como muchos creen[385]—es probable que hiciese escala en Huelva para ver a su cuñado o amigo Muliarte.

Tomó después el camino de Córdoba, donde a la sazón se hallaban los reyes; pero hubo de tocar de arribada en el puerto de Palos[386]. Es de creer que no habiendo encontrado en Palos seguro asilo donde poder descansar y recuperar sus gastadas fuerzas, vió allá lejos y en una altura un convento, y hacia él dirigió sus pasos para gloria suya y de España.

Aunque el convento de Santa María de la Rábida o de Nuestra Señora de los Remedios no se hallaba en el camino de población alguna importante, Cristóbal Colón fué allí, como otros muchos pobres caminantes acudían a las puertas de dichas casas religiosas. Del convento de la Rábida dijo el duque de Rivas en uno de sus romances lo siguiente:

«A media legua de Palos

sobre una mansa colina,