Los yuncas (yunca-cuna, moradores de tierra caliente) habitaban los valles de la costa del Pacífico desde el Callao a la serranía de Amotape, hablaban la lengua yunca o mochica y predominaba entre ellos el patriarcado. Hacían sus casas de columnas de adobe, tejían telas de muchos colores y de complicada trama y eran excelentes alfareros. Gozaron de justa fama los acueductos que construían para regar sus campos, campos muy fértiles por el abono del guano, que extraían de las islas. Navegaban en canoas hechas de cuero de lobo marino y en balsas de madera con vela, timón y quilla.
Los chimus, que dominaron desde Tumbez a Ancón y el valle de Huarcu (Cañete), construyeron los palacios del Gran Chimu, de fábrica análoga a la de sus magníficas necrópolis y de los depósitos y canales de Chicama y de Nepeña.
Los huancas (valle de Jauja y sus cercanías), los quechuas (la zona del Apurimac hasta las Pampas), los caras (entre el Cuzco y lago Titicaca), los quitos (alrededores de Quito) y otras tribus, hablaban la lengua quechua o kechua. Aunque eran bárbaros, estaban organizados perfectamente—si damos crédito a los cronistas—en clases o linajes (ayllus), gobernados por jefes tribales (curacas) y dedicados a la horticultura y pastoreo. Vivían los huancas en casas parecidas a torreones cilíndricos de bastante altura y considerable diámetro, dispuestas en hilera y unidas por estrechos pasadizos. Los quechuas tuvieron más importancia y dieron nombre a la lengua general del país. De los caras se cuenta que habían venido en balsas, hacía unos doscientos años, no se sabe de qué lejanas tierras. A la sazón obedecían los caras al valiente e intrépido Caran Scyri, quien, cuando se creyó con fuerzas para disputar a los indígenas las comarcas que a él le parecieron mejor, se dirigió al Norte y llegó hasta los dominios del rey Quito. Comenzó la guerra, en la cual murió Quito. Los sucesores de Caran Scyri, que según probables cálculos fueron quince, sin contar a los incas, llevaron sus armas al Norte y se apoderaron de extensos territorios. A la larga caras y puruaes formaron un pueblo; pero no por la fuerza, sino a gusto de unos y otros. Los caras adoraban únicamente al Sol y a la Luna, siendo de notar que miraban con horror los sacrificios humanos e hicieron por desterrarlos. Como veremos más adelante, ellos tenían el mismo alfabeto, el mismo sistema de numeración, el mismo calendario, la misma religión, las mismas actitudes para el cultivo de las ciencias y artes, y casi vestían el mismo traje que los incas. ¿Tendrían los incas, como muchos pretenden, el mismo origen que los caras? Es posible, y algunas señales lo indican con bastante elocuencia. Más que los caras se hallaban civilizados los quitos. Respecto a la industria, los quitos tallaban mejor que los muiscas las esmeraldas: las hacían esféricas, cónicas, cilíndricas y prismáticas. Labraban de oro collares, ajorcas, pendientes e ídolos. Construían hachas de cobre. En la cerámica estaban todavía más adelantados, y en los vasos, ya hechos de barro colorado, ya negruzco, representaban ídolos, hombres, fieras, pájaros, reptiles y peces. Tejían admirablemente el algodón y la lana. En las bellas artes nada hicieron. Creemos que no levantaron puentes de piedra; pero sí de madera, de bejuco y de cuerda. Conocieron los acueductos, ora superficiales, ora subterráneos. Las fortalezas fueron muy toscas, como fueron muy toscos sus palacios y sus templos.
Poco sabemos de la historia de Tahuantinsuyo o Perú antes del imperio de los incas, pues las noticias son obscuras, incompletas y aun contradictorias. Ciertas señales indican la existencia remota de centros de cultura, debidos tal vez a gente autóctona, siendo de notar que a la decadencia o ruina de dichos centros comenzó la civilización incásica. Para algunos escritores es cosa probada que de los legendarios piruas, de los misteriosos Hatun-Runa o gente antigua, adoradores del Con-Illá-Tici-Viracocha, surgió el poderío y engrandecimiento de los incas. No sería extraño—añaden—que los primeros pobladores de Tahuantinsuyo tuvieran idea de un Ser Supremo, creador de todo lo existente, y de un espíritu maligno o Supay, como tampoco niegan que creyesen en la inmortalidad del alma y en la resurrección del cuerpo.
Dejando estas cuestiones para los que se ocupan solamente de la historia particular del Perú, pasamos a tratar de los incas[173]. Lo primero que se presenta a nuestro espíritu, es la pregunta que copiamos a continuación. Los incas, ¿son indígenas o proceden del Mogol? Sebastián Lorente y algunos más afirman lo primero[174]; Juan Ranking y otros sostienen lo segundo. Puede, sí, asegurarse—y conviene no olvidarlo—que los incas—señores—nunca creyeron haber tenido el Asia por cuna. Diremos, para gloria de ellos, que supieron reunir en vasta y poderosa nacionalidad tanto las cultas como las incultas tribus, que se odiaban y hacían la guerra. Veamos lo que dice la tradición, primera y casi única base de la historia de los incas, no olvidando que muchos cronistas atribuyen un mismo hecho a distintos incas, como también se da el caso que algunos hacen a Manco Capac autor de instituciones que otros creen nacidas muy posteriormente.
En el siglo xiii apareció en el Perú un hombre verdaderamente superior, llamado Manco Capac. Su reinado—con arreglo a las noticias más exactas—comenzó el año 1221 y terminó el 1262. Tenía por mujer a su hermana Mama Ocllo. Según Balboa, habían salido de Pacaritambo con tres hermanos y tres hermanas[175]; opinan otros que salieron de una isla del lago de Titicaca; pero lo que parece probado es que eran hijos de un curaca o cacique de Pacaritambo. Se presentó Manco Capac y Mama Ocllo, hermano y hermana, esposo y esposa, llevando un cetro en forma de una barra de oro, el cual, al dar con él en el suelo de Cuzco, se enterró, hecho que llevaba consigo que allí tendría asiento la capital Inca. Dice Pedro Knamer, en su Historia de Bolivia, que Manco Capac debió ser jefe o sacerdote aymará, de superior talento, que dejó su país, en compañía de su hermana, huyendo de las guerras civiles. Manco Capac se presentó diciendo que su padre el Sol le mandaba para dirigir y educar a los hombres. Las gentes del Cuzco, comprendiendo que los citados viajeros eran superiores a los habitantes del país, les prestaron obediencia. Ellos fundaron la ciudad llamada Cuzco, «el centro del Universo», y después otras varias poblaciones, bien que las mayores no excedían entonces de 100 casas. Mientras que él enseñaba a los hombres el culto del Sol, a edificar sus casas y a cultivar la tierra, Mama Ocllo adiestraba a las mujeres en el hilado, en la confección de vestidos y en otros ejercicios domésticos.
Tanta llegó a ser la influencia de Manco Capac, que consiguió ser proclamado Inca, esto es, señor de la tierra o soberano del país. También los descendientes de sangre real se llamaron incas. La mujer legítima del Soberano o Rey, se denominó Coya, tomando el mismo nombre las hijas del real matrimonio. A las concubinas que eran de la familia real y, en general, a todas las mujeres de dicha familia, se las conocía con el nombre de Palla; a las demás concubinas con el de Mamacuna o mujer que tiene obligación de hacer oficio de madre. No deja de llamar la atención la industria del primer Inca para atraer a la vida de la civilización a unas gentes tan rústicas y bárbaras. En el Cuzco hizo construir magníficos edificios, sobresaliendo entre todos el soberbio templo dedicado al Sol, el cual era visitado por multitud de peregrinos que acudían de todo el Imperio.
Estableció Manco Capac una Monarquía despótica absoluta. Heredaría el trono el primogénito tenido en la Coya. El Emperador debía casarse con una de sus hermanas, pues de este modo había seguridad de que el príncipe heredero era de sangre real. Los hijos habidos en las concubinas formaban la nobleza que componía la corte, y a quienes daban el nombre de Orejones. Dividió la tierra en tres partes: la del Rey, la de los sacerdotes y la del pueblo. Tuvo en cuenta al hacer la última división el número de individuos que componían la familia, la posición y las necesidades de cada uno. Los ganados los repartió entre los sacerdotes y el pueblo. Organizó la sociedad bajo el punto de vista político, religioso, administrativo y civil. Cuando Manco Capac sintió cercana su muerte, llamó a su hijo primogénito Zinchi Lloca, y le recomendó que no alterase el régimen del Gobierno que él dejaba establecido.
Zinchi Lloca (1262-1281) siguió los consejos de su padre. Casó con su hermana Mama Cora, y de ella tuvo a Lloce Yupanqui. El nuevo Rey era valiente y arrojado; pero no tuvo necesidad de lanzarse a la guerra, logrando por la persuasión extender los límites de su Imperio.
Lloce Yupanqui (1281-1300) al frente de un ejército, redujo a la obediencia a diferentes tribus. Su imperio se extendía de Este a Oeste, desde el Paucartampu a la sierra, y de Norte a Sur, desde el Cuzco al fin del río Desaguadero. En la capital ya había templo para el Sol, alcázares para los Emperadores y calzadas que después habían de unir las cuatro estrellas de la monarquía.