Considerable es el número de lenguas y dialectos que se hablaron en América. Bastará decir que el P. Kircher, aprovechando en su obra Sobre la Torre de Babel los datos que le comunicaron los Padres Jesuítas de las misiones de América, al celebrarse una Congregación en Roma el 1676, hubo de elevar a quinientos el número de tales idiomas. En el siglo décimo octavo, D. Juan Francisco López sostuvo con algún fundamento que se hablaban en las Indias Occidentales no menos de mil quinientos[236]. En nuestros días, Brinton, ilustre profesor de Arqueología y de Lingüística americana, menciona unos ochocientos cincuenta y cuatro lenguajes entre idiomas y dialectos[237]. Por nuestra parte, sólo habremos de citar algunos idiomas, y siguiendo el método del inmortal Hervás y Panduro, comenzaremos estudiando las lenguas del Sur de América hasta remontarnos a las del Norte. En tres partes dividiremos el asunto, las cuales serán las siguientes: Lenguas de la América Meridional, Lenguas de la América Central y Lenguas de la América Septentrional. Trataremos cada una de dichas partes sin sujetarnos al orden observado por Hervás. Al Sur de la Patagonia, que es el país más meridional de América, se halla la Tierra del Fuego, cuyos habitantes hablan el yahgan, lengua sumamente pobre y rústica[238]. Afirman otros autores, entre ellos el Sr. Fernández y González, que el yahgan es lenguaje bastante culto, y de él se consideran dialectos el oua, hablado al Noroeste en ambas costas del Estrecho de Magallanes, y el aliculuf de los fuegueños al Noroeste. Del yahgan ha hecho L. Adam detenido estudio en la Revista de la Lingüística[239].
Las lenguas de las pampas manifiestan del mismo modo rudeza extraordinaria. La región de las pampas comprende tres vastos territorios, que son al Norte el Gran Chaco, en el Centro las pampas propiamente dichas y al Sur la Patagonia. Entre las principales familias lingüísticas del Gran Chaco se encuentran el guaycuru, el payagua, el chunupe, el lule, el vilelo y el mataco; todos estos idiomas, al parecer, carecen de numerales, lo cual indica el estado de ignorancia de los pueblos que hablaban tales lenguas. Afirma Pelleschi—uno de los más sabios investigadores de los usos y costumbres de los indios—que caudillos estimados como inteligentes en la religión citada, no saben contar los dedos de las manos, llegando su ignorancia a expresar los dos numerales primeros por palabras compuestas y sin forma fija. Nada tendría de particular que todos los indios que hablan el guaycuru en el Chaco (lengua distinta de la de los indios de California, llamada con el mismo nombre) procedan del Paraguay.
Del mismo modo se tiene por cierto que los charrúas, pueblo casi salvaje, ocupaban la margen oriental del Uruguay; respecto a su idioma apenas tenemos más noticias filológicas que las suministradas por Hervás y Panduro. Haremos observar que, según Azara, la citada lengua charrúa era completamente nasal y gutural.
Pasamos a estudiar lenguas y pueblos más importantes y también más conocidos de la misma América Meridional. Estas lenguas pueden dividirse en dos grandes grupos: el atlántico, representado principalmente por el goajiro, caribe y sus dialectos, con los idiomas tupí o guaraní, y el chiquito de Bolivia, más pobre que los otros de la citada América Meridional; el otro grupo es el andino, occidental, que llega hasta el araucano.
En rigor de verdad, el primero de los dos grupos, que consta de muchas lenguas, genuinamente americanas, presenta, además de perfecta unidad en la formación, admirable pureza de raíces. Parece probado que el goajiro arawak es la primera lengua que oyeron los españoles en el Nuevo Mundo, extendida en aquellos tiempos por todas las Antillas. Considérase por muchos como hermana del caribe y se presenta como aglutinante en superior grado. Su vocabulario es rico y su numeración es decimal. Las mismas particularidades se encuentran en las demás lenguas de la citada región, notándose que pierden su riqueza y organismo gramatical conforme se van acercando hacia el Sur, como sucede con el tapuya o brasileño y el tupí o guaraní, más pobres en formas conjugables y con numeración solamente quinaria. Los tupíes o guaranís (provincia de Corrientes en la Argentina y República del Uruguay)[240] forman la declinación de su lengua por medio de posposiciones, que son las mismas para singular y plural. Dialecto muy interesante de la lengua guaraní es el de los omaguas, los más occidentales de la raza.
La región de los chiquitos, que se extendía entre los afluentes del alto Paraguay y la cima de la cordillera de los Andes, al Norte hasta la tierra de los moxos, al Sur el Gran Chaco y al Oeste hasta los quichuas, comprendía cuatro tribus principales: los taos, los pinocos, los penoquíes y los manacicas. Situados los últimos cerca del lago Xavay y hacia las fuentes del Paraguay, constituían el grupo más importante y civilizado. Sumamente curiosas son las noticias que acerca de la lengua chiquita ha dado el profesor de Estética de la Universidad de Madrid: «Como en iroqués y en otros idiomas de Asia y Africa, dice, se señalan en chiquito dos modos de hablar, en tercera persona principalmente, el de los hombres y el de las mujeres, con la particularidad de que éstas no pueden usar el modo varonil, mientras los hombres emplean ambos; de forma que, cuando se trata de seres que se representan en figura de varón, emplean la masculina, y cuando hablan de otras (mujeres, brutos, seres inanimados, etc.), o refieren conversación de alguna mujer, usan la femenina. El lenguaje de la mujer se distingue a las veces por palabras diferentes, y en lo común por aféresis y síncopas, como el género femenino de los idiomas semíticos se diferencia por formas pronominales y verbales que le son privativas»[241].
Y más abajo añade el mismo escritor: «Por suponerse relaciones con el chiquito, de parte de idiomas mal conocidos todavía, los cuales conforman con él en alguna palabra, se han atribuído a su misma familia los de poblaciones vecinas al Oeste, es a saber: de los yurucares, tacanas y mosetanas, así como también los de los ites, movimas y canichanas al Norte, y el de los samucos al Mediodía, en los confines septentrionales del Chaco. Por lo que toca a los tacanas, es evidente la mayor analogía de su lenguaje con el aimará, con el quichua de los peruanos y con otros idiomas del alto Amazonas»[242].
La lengua chibcha o muysca no deja de tener algunas formas, en particular en los verbos, semejantes a los del sanscrito, a los del griego y a los del latín. Llama la atención el gran número de raíces y temas comunes al chibcha con los idiomas arios. «Extinguido—dice Fernández y González—el idioma chibcha en Bogotá desde 1765, así como sus dialectos, el chimila y el deut, duran de ellos, al parecer, al Sur del istmo, el aravaco en Sierra Nevada de Santa Marta, y el siquisique en el Estado de Lara»[243]. Añade después que son dialectos del chibcha el guaymi istmiano de Veragua, hablado al Norte por los valientes, el siquisique de Venezuela y tal vez el extinguido chimila, el oroaco y el coggaba[244].
En la cuenca del Pacífico, pero en la región peruviana que comprende los territorios de las actuales repúblicas del Ecuador, Perú, algo de Bolivia y bastante de Chile, se hallan en primer término el quichua y el aimará; ambos idiomas, o idioma el uno y dialecto el otro, como opinan algunos autores, tienen organismo gramatical muy completo, con ricas formas en declinaciones y conjugaciones. Si la declinación en quichua recuerda en parte la declinación vasca, la ugrofinnesa y alguna otra, la conjugación procede con la misma sencillez que la semítica.
Aparecen en la misma región el yunca (al norte de Trujillo)[245], el puquina (en las islas y esteros del Lago Tiquitaca) y el atacameño (en el valle del río Loa), lenguajes todos los citados—según la opinión de varios filólogos—completamente rudos y primitivos, tal vez restos de pueblos anteriores a la dominación incásica. El quichua, el aimará, el yunca, el puquina y el atacameño o calchaqui son, pues, los cinco idiomas expuestos por el misionero Alonso de la Bárcena en su obra, hoy perdida, Lexica et Præcepta en quinque Indorum linguis, dada a conocer en Lima el 1590. Desde el grado 2 al 35, sur de la América Meridional, predominó el idioma quichua, el cual se generalizó por las conquistas de los incas. Estiman algunos autores, aunque sin fundamento alguno, que el yunca, hablado al norte de Truxillo, pertenece a la raza quichua.