El régimen político de la citada Antilla mayor consiste en un gobernador nombrado por la Corona y en un Consejo legislativo compuesto de 16 individuos: cinco nombrados por el Rey y nueve elegidos por el pueblo. Los electores, en cada una de las parroquias, nombran consejeros encargados en la administración de los asuntos locales. Hasta el año 1869 fué la capital Spanish-town (ciudad española) que fundó Diego Colón en 1525 con el nombre de Santiago de la Vega; pero al presente es el puerto de Kingston, donde residen las autoridades militares y navales. Casi todo el movimiento de las transacciones de Jamaica con la Gran Bretaña, el Canadá, los Estados Unidos y otros países se efectúa por intermedio del citado puerto.
Pasando a estudiar el gobierno de Puerto Rico, recordaremos que su conquistador, Juan Ponce de León, recibió señaladas muestras de cariño de Fernando el Católico. Si en 14 de agosto de 1509 le premiaba con el Gobierno interino de la isla[388], el 28 de febrero de 1510 le decía lo siguiente: «Vi vuestra letra de 18 de setiembre de 1509. Me tengo por servido de vos en lo hecho: continuad en acrecentar la población de San Juan, que yo escribo á la Española para que os provean de lo necesario.» Dos días después D. Fernando y D.ª Juana, hallándose en Madrid, le nombraban gobernador en propiedad[389]. Como el almirante D. Diego Colón se creía con derecho a la propiedad de Puerto Rico, y Ponce de León, apoyado por el Rey, no prestaba obediencia al primero, vino el rompimiento entre el gobernador de Santo Domingo y el de Puerto Rico. ¿Fué depuesto, además, Ponce de León porque era amigo de aquel Roldán que declaró cruda guerra al almirante D. Cristóbal? ¿Tendría presente D. Diego que dicho Roldán era también protegido de Ovando, enemigo este último del descubridor de las Indias? Conviene, por último, no olvidar que Ponce de León echó los cimientos de Caparra (primeros meses del año 1509); que repartió a los indios encomiendas, originando tal medida sublevación general, la cual fué combatida valerosamente por los españoles; que se reedificó a dos leguas de Guánica la villa de Sotomayor y se fundó la de San Germán, y que Julio II concedió la erección de un obispado en Puerto Rico y cuyo primer prelado se llamaba Alonso Manso, canónigo de Salamanca.
Ante la insistencia de don Diego Colón, quien se creía con derecho a proveer el gobierno, puesto que la isla había sido descubierta por su padre, cedió el Rey, siendo depuesto Ponce de León, no por demérito suyo, sino por ser de justicia. El Almirante, al deponer a Ponce, había nombrado a Juan Cerón, como alcalde mayor; a Miguel Díaz, como alguacil mayor, y al bachiller Diego Morales, como teniente de alcalde mayor.
Continuó el Rey honrando la isla, a la cual dió también escudo de armas, que consistía en un cordero plateado en campo verde echado sobre un libro de color rojo, atravesada una banda con una Cruz, en cuyo extremo está la banderita que ponen a San Juan por divisa, todo orlado de castillos, leones y banderas con una F y una I, coronadas por divisa con el yugo y flechas del Rey Católico[390]. En el año 1512 llegó a su obispado el Sr. Manso, cuya silla fué la primera que se estableció en América.
En los comienzos del siglo xvi los gobernadores de Puerto Rico tuvieron que pelear un día y otro día con los caribes de las islas vecinas que desembarcaban en aquélla.
Por los años de 1511 y 1512 el licenciado Sancho Velázquez sólo se ocupó en tomar residencia a Juan Ponce de León, así del gobierno de San Juan, que había ejercido, como de la administración de las granjerías del Rey, que tuvo a su cuidado. La carta que desde Burgos, con fecha 23 de febrero de 1512, escribió el Rey a Ponce, decía lo siguiente: «Téngoos en servicio lo que habeis trabajado en la pacificación, y lo de haber herrado con un F en la frente a los indios tomados en guerra, haciéndoles esclavos, vendiéndolos al que más dió y separando el quinto para nos: también el haber hecho casas de paja para fundición, contratación y lo de la sal. Maravillado estoy de la poca gente y poco oro de nuestras minas; el Fiscal os tomará residencia y cuentas, para que esteis desocupado para la nueva empresa de Biminí, que ya otro me había propuesto; pero prefiero a vos por vuestros servicios que deseo recompensar, y porque creo hareis lo que cumple a nuestro servicio mejor que en la granjería nuestra de San Juan, en que habeis servido con alguna negligencia»[391].
No estando contento el almirante don Diego con la administración de Cerón y Díaz, nombró en lugar de ellos al comendador Moscoso, al cual sucedió don Cristóbal de Mendoza. Por su parte el Monarca, con fecha 23 de enero de 1513, mandó hacer nuevo repartimiento en San Juan a Miguel de Pasamonte, tesorero de Santo Domingo. Comisión tan importante delegó Pasamonte en el licenciado Sancho Velázquez, todo lo cual aprobó la Corona en 19 de octubre de 1514. Tantas quejas produjo el nuevo repartimiento contra Velázquez como el anterior contra Cerón y Díaz.
Nombrado por los reyes Juan Ponce de León regidor de Puerto Rico por toda su vida, llegó a la isla el 15 de octubre de 1515. Después de varios sucesos de más o menos importancia, el almirante Colón nombró gobernador a Pedro Moreno, vecino de Caparra, sucediéndole D. Francisco Manuel de Olando. «Los frecuentes recursos y mudanzas de gobernadores que motivaron estas guerras civiles, causaron muchas desgracias que fueron selladas con otras mayores: los arroyos de sangre derramada por toda la isla desde fines del año de 1510, el espíritu de venganza, de ambición y otras pasiones habían echado tan profundas raíces, que quiso Dios castigarlas por varios modos»[392]. Dice que a una plaga de hormigas sucedió una epidemia de viruelas, acompañando a la última otra de bubas. A estas fatalidades había que añadir los ataques de los caribes a las costas de Puerto Rico y también los de los filibusteros ingleses y franceses.
Recordaremos en este lugar que Juan Ponce de León, que vivía retirado en su casa desde su regreso de la corte, cuando supo las hazañas que por entonces realizaba Hernán Cortés, salió (1521) con dos navíos bien tripulados, llegando a la Florida, en cuyo país encontró una resistencia que no esperaba. Derrotado por los floridianos, se retiró a Cuba, donde murió. El siguiente epitafio, como escribe Washington Irving, hace justicia a sus cualidades de guerrero:
Mole sub hac fortis requiescunt ossa Leonis,